
Aunque no podemos ni debemos controlar a nuestros hijos, sí queremos ser intencionales en nuestra crianza. Uno de nuestros objetivos es criar hijos que sean bíblicamente sabios y no necios. La sabiduría es vivir con destreza en el mundo de Dios. Y la sabiduría comienza con el temor del Señor (Prov. 9:10).
Con el individualismo del mundo occidental y la naturaleza del corazón humano, es fácil que los hijos adultos digan un “¡Gracias!” y luego salgan a la vida sin pensar mucho en sus padres. Yo ciertamente hice eso cuando era joven.
Pero aunque hayan dejado nuestra casa, no han dejado nuestro corazón. Como padre de hijos adultos, puedo decirle que mis cuatro hijos están regularmente en mi mente. Sin darme cuenta, había tropezado con una verdad bíblica. Nuestros corazones están conectados. Una vez escuché a alguien decir: “Eres tan feliz como tu hijo menos feliz”. Puedo decirle por experiencia que esa frase es cierta. ¿Por qué?
Porque nuestros corazones siguen conectados incluso cuando son adultos.
Proverbios está lleno de versículos que describen la conexión continua entre un padre y sus hijos:
- Proverbios 10:1 – El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza para su madre.
- Proverbios 15:20 – El hijo sabio alegra al padre, pero el hombre necio menosprecia a su madre.
- Proverbios 17:21 – El que engendra a un necio para sí lo hace; el padre del necio no tendrá alegría.
- Proverbios 17:25 – El hijo necio es tristeza para su padre y amargura para la que lo dio a luz.
- Proverbios 19:13 – El hijo necio es ruina para su padre, y la mujer rencillosa es gotera continua.
- Proverbios 23:24–25 – El padre del justo tendrá gran alegría; el que engendra un hijo sabio se gozará en él. Alégrense tu padre y tu madre; regocíjese la que te dio a luz.
- Proverbios 28:7 – El que guarda la ley es hijo entendido, pero el compañero de glotones avergüenza a su padre.
- Proverbios 29:3 – El que ama la sabiduría alegra a su padre, pero el que frecuenta prostitutas desperdicia su fortuna.
- Proverbios 29:15 – La vara y la reprensión dan sabiduría, pero el niño dejado a sí mismo avergüenza a su madre.
Al leer estos versículos, observe cómo un hijo sabio trae gozo a sus padres, y un hijo necio trae dolor. Estas Escrituras empiezan a explicar la carga que llevan en el corazón los padres de hijos pródigos.
Implicaciones para los padres
Mientras he meditado en estas Escrituras, he pensado en lo que les diría a mis hijos si pudiera volver a sus años de adolescencia.
Creo que les diría algo así:
“Tu mamá y yo te amamos y queremos ayudarte a salir bien preparado de esta casa. Estamos haciendo todo lo posible para ayudarte a ganar sabiduría y evitar la necedad. Tendrás que tomar tus propias decisiones y presentarte a ti mismo delante del Señor. Solo recuerda que, como enseñan estos versículos, nuestros corazones siempre estarán conectados. Tu vida sabia bajo el gobierno de Dios nos traerá gran alegría. Tus decisiones necias nos serán difíciles. Nuestro amor y nuestra conexión no son más que un tenue reflejo del amor de tu Padre Celestial.”
No podemos ni debemos controlar a nuestros hijos. Pero sí podemos recordarles que “el hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza para su madre”. Nuestros corazones seguirán conectados mucho después de que se vayan de nuestra casa.


