
Nota del editor: este artículo es un extracto del capítulo 2 de Padres que hacen discípulos.
En nuestro deseo de criar a nuestros hijos para que sigan a Cristo, los padres solemos creer varios mitos.
Mito 1: El ambiente perfecto garantizará que mis hijos sigan al Señor
Es fácil pensar: «Si tan solo creamos el ambiente adecuado, entonces nuestros hijos seguirán al Señor». Pero criar a nuestros hijos para que sigan al Señor no es un esfuerzo conductista. No es un método. Un método implica un enfoque paso a paso que garantice resultados. El contenido de este libro, por lo tanto, no es un método, sino que presenta un enfoque, una dirección y un marco mental. Por supuesto que los métodos son importantes, pero no hay una fórmula concreta para el éxito del discipulado. No se trata de un libro de cocina a seguir. Discipular a nuestros hijos en la fe no es una cuestión de combinar los ingredientes y el entorno adecuados para garantizar un adulto piadoso. Este libro, más bien, es un libro de jugadas para un enfoque de vida. Como dice el conocido proverbio: «Instruye al niño en el camino que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él» (Pr 22:6). Esta es la forma en que generalmente funciona la vida, no una garantía de resultados seguros.
Verdad 1: No puedes controlar a tus hijos
Son seres morales independientes hechos a imagen de Dios. Tienen que tomar decisiones reales. Aunque puedo tener influencia en la vida de mi hijo, no puedo ni debo controlarlo. Hay muchos padres que hacen un mejor trabajo que el que yo estoy haciendo; sin embargo, sus hijos se alejan del Señor. Pablo tuvo compañeros de equipo que lo abandonaron. Jesús tuvo un discípulo que lo traicionó.
Por otro lado, algunos hijos siguen con determinación al Señor, aunque sus padres son apáticos o incluso antagonistas. Todavía recuerdo la conversación con una de las amigas de la universidad de mi hija cuyos padres eran mínimamente cristianos. Su comentario espontáneo me rompió el corazón: «¿No debería el padre animar a la hija a leer la Biblia y no al revés?», preguntó. La suya fue una historia del sorprendente y eficaz llamado de Dios en su vida, a pesar de su padre.
En los restantes capítulos del libro, nos centraremos en los canales de gracia que Dios suele utilizar, comprendiendo al final que confiamos en la soberanía de Dios. Nuestro trabajo consiste en cumplir fielmente con los deberes que Dios nos ha encomendado, dejando los resultados en manos de Dios. Nuestro objetivo no es una crianza «exitosa» en sí misma, sino una crianza fiel. Como se supone que dijo John Quincy Adams: «El deber es nuestro. Los resultados son de Dios».
Mito 2: La meta suprema de mi vida cristiana es que mis hijos sigan al Señor
Algunos padres necesitan el recordatorio de que ellos son los principales responsables de discipular a sus hijos. Sin embargo, en el otro extremo del espectro están los padres que harían cualquier cosa por el bienestar espiritual de sus hijos. Sacrificarían su propio caminar con Dios, su salud emocional e, incluso, su matrimonio, por sus hijos. Si sus hijos salen bien, eso estimula el orgullo y la jactancia. Si salen mal, se convierte en una fuente de vergüenza.
Cuando esto sucede, hemos pasado de adorar a Jesús a adorar a nuestros hijos. Nos hemos centrado en los hijos en lugar de centrarnos en el evangelio. Debido a que vivimos en un mundo caído, nuestra crianza está nublada por nuestros propios corazones idólatras. A menudo, queremos que nuestros hijos cumplan nuestros sueños, o queremos que tengan éxito para sentirnos bien con nosotros mismos. En lugar de buscar la aprobación de Cristo, miramos a los demás. Aunque tener hijos piadosos es ciertamente un buen deseo, puede convertirse en un deseo supremo y empezar a controlarnos. En ese caso, criar hijos cristianos perfectos se ha convertido en un ídolo. Eso nos lleva a nuestra segunda verdad.
Verdad 2: No debes hacer un ídolo de tener hijos cristianos perfectos
Yo amo a mis cuatro hijos más que a la vida misma. Pero no puedo amarlos más que a Jesús (Lc 14:26). No puedo amarlos más que a mi esposa. No puedo encontrar mi identidad en mis hijos. Mi identidad está solo en Cristo. Además, me niego a juzgarme por mis hijos. Demasiados padres, especialmente las madres, tratan de encontrar su identidad principal en sus hijos.
Como los círculos concéntricos, mi primera prioridad es caminar íntimamente con el Señor. Luego mi cónyuge es mi siguiente prioridad. Mis hijos vienen después, y luego mi familia de la iglesia y el mundo. Cuando mis hijos se den cuenta de que amo a Jesús más que a ellos, se darán cuenta de su lugar en el orden del universo. Nuestro Señor dijo que Su reino es más importante que la familia (Mt 10:35-37; 12:49; 19:29). En lugar de ensimismarnos, invitaré a mis hijos a unirse a mí mientras amo y sirvo a Jesús.
Tener estas prioridades en orden evitará que un padre descuide su propio caminar con el Señor, que una esposa descuide a su esposo y que un padre descuide la iglesia. Esto sacará a los niños de su egocentrismo natural. Nos alejará de las familias centradas en los niños y de los grupos juveniles centrados en los niños. Nos permitirá dejar los resultados en manos de Dios. Y permitirá a los padres tener una vigilancia confiada hacia sus hijos, y no una asfixia temerosa sobre ellos.
Mito 3: ¡Todo depende de mí!
Algunos padres, debido a una enseñanza inadecuada o a un daño pasado, se han alejado de los demás. Se han mudado a un rancho, literal o figuradamente. Emocionalmente, están aislados.
Verdad 3: No puedes hacer esto solo
En la corrección apropiada con el fin de colocar a los padres de vuelta en el lugar central del discipulado de sus hijos, no quiero menospreciar a la iglesia local. Verdaderamente se necesita una iglesia para criar a un niño. La iglesia es la novia de Cristo. Aunque aparece en esta época como la Cenicienta, inferior y poco respetada, en realidad tiene el corazón del Príncipe.
Necesitas a la iglesia local. Obviamente es importante, pero no es suficiente. Cada influencia poderosa de la que hablaremos en el resto de este libro está ligada a una iglesia local que predica el evangelio. Una hermandad provee a otros con el fin de proclamar el evangelio claramente, buenos ejemplos para influenciar a nuestros hijos, alimentación de las Escrituras, ánimo para orar, un lugar para servir, y buenos amigos para animar a nuestros hijos en su caminar. Lo mejor que puedes hacer por el alma de tu hijo es involucrarte activamente en la vida de comunidad de una iglesia que predica y vive el evangelio.
La iglesia local, con todos sus defectos, es la columna y el sostén de la verdad, y un poderoso medio de gracia en tu vida. Aunque muchos de estos estímulos en el resto del libro están dirigidos a los padres, no se debe pensar que son independientes de la iglesia. Si no te estás reuniendo con otros discípulos en una iglesia saludable, no estás enseñando a tus hijos a obedecer todo lo que Jesús ordenó.


