Últimamente me inquieta una tendencia que veo en la iglesia, en la cultura y en las generaciones más jóvenes. No lograba ponerle nombre hasta que supe de unos buenos amigos a quienes sus hijas, que se profesan cristianas, «cancelaron»: cortaron toda comunicación con ellos, sin explicación y sin vuelta atrás. Sharon y yo criamos a nuestros hijos junto a ese matrimonio y, aunque no eran perfectos, hasta donde podemos ver no hubo abuso de por medio. Otra familia cercana pasó por algo parecido y nos contó su historia con el corazón roto. Las dos familias quedaron separadas de sus nietos.…
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