
Cuando comencé este ministerio hace más de once años, la pregunta que ocupaba la mente de los padres era: «¿De verdad soy yo el responsable de discipular a mis hijos? Para eso los traigo a esta iglesia. Esa es su responsabilidad».
Por la gracia de Dios y por Su Espíritu, esa pregunta ha cambiado. Hoy, la mayoría de los padres pregunta algo así: «Sé que soy responsable de transmitirles la fe. Pero ¿cómo lo hago?».
Respondo esa pregunta tanto en Padres que hacen discípulos como en las conferencias que doy. Pero quiero dedicar estos artículos a explicar el cómo del discipulado familiar.
En particular, me enfoco en siete compromisos que todo padre debería asumir. En este artículo pensemos en el tercero. Espero que, después de leer los siete, te sientas animado y desafiado a la vez. Animado, al pensar: «Esto sí se puede», y desafiado a dar pasos adicionales.
El tercer compromiso que propongo a los padres que hacen discípulos es este:
Modela una fe viva y amorosa.
Pablo dijo: «Sean imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo» (1 Co 11:1).
¿Sabes cuál es la razón principal que dan los jóvenes para apartarse de la fe?
La hipocresía de un padre o de un líder espiritual.
¿Qué es la hipocresía? ¿Es decir una cosa y hacer otra? ¿Es profesar con los labios que amamos a Dios sin vivir realmente conforme a eso? Pero todos fallamos. ¿Eso es hipocresía? ¡No! La hipocresía es fallar y que en el fondo no te importe. Es fallar sin ningún deseo de arrepentirte ni de cambiar.
La hipocresía mata la fe de un joven.
Una fe viva
Timoteo siguió al Señor porque sabía de quiénes lo había aprendido (2 Ti 3:14). Eso debería animar a todo padre, abuelo, líder de jóvenes y maestro de niños. Además, Pablo es claro sobre lo que vio en el hogar de Timoteo: «Porque tengo presente la fe sincera que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también» (2 Ti 1:5).
¿Lo notaste? Pablo dijo que la madre y la abuela de Timoteo tenían una fe viva.
Tu ejemplo es poderoso. Nuestros hijos observan cómo caminamos con Dios. Con razón sentimos el peso de saber que nuestro hogar es un escenario donde ellos nos ven vivir la fe. Nuestro ejemplo en casa hablará a favor de la fe o en contra de ella.
Un lugar difícil para vivir el evangelio
Esto es lo que hace tan difícil esa última afirmación: nuestro hogar suele ser el primer lugar donde vivimos el evangelio, y también el más difícil.
¿Quién nos ve cuando estamos cansados? ¿Quién puede decir una palabra que nos irrite? ¿Quién nos interrumpe cuando lo único que queremos es ver el partido? Los miembros de nuestra familia son nuestro prójimo más cercano y nos ven en nuestros peores momentos.
Tanto la crianza de los hijos como el matrimonio pueden ser difíciles. Tu hogar es el primer lugar donde Dios te moldea y te hace semejante a Jesús. Martín Lutero dijo: «El matrimonio es mejor escuela para el carácter que cualquier monasterio, porque es allí donde se te liman las asperezas».
Sharon y yo nos amamos, pero somos muy, muy diferentes. Hemos tenido que trabajar duro en nuestro matrimonio. Una y otra vez, después de un desacuerdo, he tenido que tomar las Escrituras y decirme algo así: «El amor es paciente. ¿Fui tan paciente como Cristo? El amor es bondadoso. ¿Fui tan bondadoso como Cristo? El amor no se porta indecorosamente. ¿Fui grosero? El amor no se irrita. ¿Me irrité?». Entonces veo que tengo algo por lo cual pedir perdón.
Si no recuperamos el hogar como el primer lugar donde vivimos el evangelio, el lugar de nuestra santificación práctica, seguiremos perdiendo a nuestros hijos. Pero si le permites a Dios obrar en tu corazón, Él usará a tu familia para hacerte más amoroso, más bondadoso, más humilde y con más dominio propio.
En lo negativo: la lucha contra el pecado
¿Cómo debo vigilar mi vida en el hogar? En dos sentidos. En lo negativo: ¿hay algún pecado del cual arrepentirme? En lo positivo: ¿qué ven mis hijos? Una verdadera familia del evangelio no es un hogar perfecto. Eso no es el evangelio. Una verdadera familia del evangelio vive con gracia, pide perdón y se ama. La ira, en particular, es un pecado que puede esconderse en el hogar. Revisa el recurso que aparece más abajo, Parenting with Patience [Crianza con paciencia], que puede ayudarte a vencerla.
En lo positivo: el amor por Jesús y por Su pueblo
Pero nuestros hijos no solo observan lo negativo, sino también lo positivo. D. A. Carson ha dicho: «Mis estudiantes se darán cuenta de lo que me entusiasma, y más vale que sea el evangelio». ¿Cómo adoras el domingo por la mañana? ¿Con pasión? ¿Te entusiasma lo que Dios está haciendo en tu vida? Mi desafío para ti es que te emocione tanto el Señor como lo que ocurre en la cancha de fútbol. ¿Ven tus hijos tu ejemplo de un tiempo devocional en las Escrituras?
Este principio se aplica a todos nosotros, incluso a quienes no son padres. Los jóvenes te observan y están decidiendo si tu fe es real. Por eso estoy tan agradecido por los abuelos, los maestros de escuela dominical y los líderes de jóvenes. ¡Otros están observando tu amor por Jesús!
¿Lo bastante débil para la gracia?
Al saber que tus hijos te observan, quizás digas: «Entonces todo está perdido. Les grité a los niños mientras los subía al auto en casa de la niñera». O: «Somos un desastre. Ni siquiera logramos llegar a la iglesia el domingo por la mañana sin que yo me moleste».
Necesitamos volver al evangelio. Nuestros hijos no necesitan padres perfectos (no existen). Necesitan padres que reconozcan su necesidad de gracia y de perdón. Necesitan padres que admitan su pecado, lo confiesen y estén creciendo. Necesitan padres que dependan del Espíritu Santo en su crianza.
Escucha esta cita de Charles Spurgeon a la luz de tu tarea como padre: «Una cualidad primordial para servir a Dios con algún grado de éxito, y para hacer Su obra bien y con triunfo, es tener conciencia de nuestra propia debilidad».
La pregunta es: ¿eres lo bastante débil como para ver tu necesidad de gracia? Dios sabía lo que hacía cuando te dio estos hijos. Tu pecado no lo toma por sorpresa.
La vida familiar siempre será desordenada, pero puedes criar con la ayuda del Espíritu Santo. El primer lugar donde vives el evangelio es tu hogar.
El tercer compromiso de un padre que hace discípulos es este: queremos modelar una fe viva y amorosa.
Aplicaciones prácticas
¿Cómo aplicamos esto en la práctica? Permíteme darte algunas sugerencias.
- ¿Hay algún pecado secreto en tu hogar? Busca ayuda hoy mismo. Se deben protección el uno al otro, pero no secretos.
- Si estás casado, ¿estás modelando un matrimonio saludable? ¿Tienen momentos para salir los dos solos?
- ¿Lees una Biblia impresa para que tus hijos te vean hacerlo?
- ¿Compartes lo que estás aprendiendo en la Palabra? ¿O lo que el Señor te está enseñando?


