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¿Soy solo yo o el mundo está cada vez menos agradecido?

Para quienes vivimos en los Estados Unidos, nunca hemos tenido mejor acceso a atención médica, más prosperidad financiera, más libertad respecto al trabajo tedioso, y más oportunidades para viajar y mantenernos conectados.

Desde una perspectiva cristiana, nunca hemos tenido mayor acceso a buenos maestros y educación teológica. Tenemos la libertad de pasar por delante de numerosas buenas iglesias para congregarnos con personas que están de acuerdo con nosotros incluso en asuntos teológicos secundarios o terciarios. Tenemos una abundancia de traducciones bíblicas, herramientas de estudio y una gran cantidad de buenos libros.

Pero uno no lo sabría si se guiara por el nivel general de gratitud. Parece haber un creciente sentido de derecho adquirido(“soy merecedor”). Y una actitud de derecho destruye la gratitud.

Un vistazo al Nuevo Testamento

Un vistazo rápido al Nuevo Testamento revela cuán importante es para Dios la gratitud. La ingratitud y la negativa a honrar a Dios son algunos de los pecados más básicos (Romanos 1:21). La ingratitud es una manifestación de impiedad (2 Timoteo 3:2). Cuando Jesús quiso destacar cuán bondadoso es Dios con sus enemigos, habló de cómo Él hace llover sobre los malos e ingratos (Mateo 5:45, Lucas 6:35). La ingratitud es así de grave.

En cambio, el dar gracias es una señal del pueblo de Dios. Está ocurriendo en el cielo en este mismo momento (Apocalipsis 4:9). Es fruto de estar llenos del Espíritu (Efesios 5:18-20) y de estar llenos de la Palabra (Colosenses 3:16-17). Dar gracias a Dios es un fruto de la madurez espiritual y una forma de agradar a Dios (Colosenses 1:10-12; 2:7). Calma la ansiedad (Filipenses 4:6) y debe ser parte de toda nuestra oración (Colosenses 4:2; 1 Timoteo 2:1). En realidad, debe impregnar todo lo que hacemos:
“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17).

Y sin embargo, me parece que lo que caracteriza nuestro momento cultural es precisamente la ingratitud, tanto dentro como fuera de la iglesia. Y, desde mi perspectiva, esto es especialmente común en las generaciones más jóvenes.

Puntos de Acción

¿Qué podemos hacer al respecto? Aquí hay algunas acciones concretas:

1. Arrepentirnos de nuestras propias quejas, suspiros y murmuraciones.

¿Qué clase de ejemplo están viendo nuestros hijos y nietos? ¿Nos ven con corazones agradecidos?
Se nos dice que debemos dar gracias en todas las circunstancias (1 Tesalonicenses 5:18).
¿Expresas gratitud por tu cónyuge? ¿Por tus pastores? ¿Por todos los que te sirven?

2. Si estamos pasando por una prueba difícil, comencemos con lamento, pero avancemos hacia la gratitud.

Invoca al Espíritu y sumérgete en la Palabra. Incluso el salmista dijo:
“Bueno me es haber sido afligido, para que aprenda tus estatutos” (Salmo 119:71).
Él encontró algo bueno en la lucha.
Pablo comenzó su carta a los problemáticos corintios diciéndoles cuánto daba gracias por ellos en oración (1 Corintios 1:4-5).
Convierte tu ansiedad en oración y súplica con acción de gracias (Filipenses 4:6).

3. Haz de la gratitud un objetivo al criar a tus hijos.

Dado que la naturaleza pecaminosa tiende a quejarse, necesitamos quitar la queja y vestirnos de gratitud. ¿Cómo intentamos nosotros implementar este entrenamiento?

a. Cuando nuestros hijos eran pequeños y nos pedían algo, no comenzábamos a dárselo hasta que dijeran: “Por favor.”

Y no lo soltabamos hasta que dijeran: “Gracias.”
A medida que crecieron, seguíamos exigiendo que esas dos expresiones fueran juntas, aunque ya no nos quedáramos con el objeto en la mano.
Repetición. Repetición. Repetición.
(Véase la publicación: “El amor no es descortés. ¿Lo es mi familia?”)

b. Les hacíamos escribir notas de agradecimiento después de Navidad y sus cumpleaños.

Sí, los niños todavía deberían hacer eso.
En otras ocasiones, un mensaje de texto o correo electrónico que diga “gracias” es un gesto considerado.
Hasta el día de hoy, cuando mi suegra viene a comer a casa, recibimos un correo de agradecimiento al día siguiente.
¿A quién podrías enviarle tú un mensaje corto de agradecimiento?

c. Si se quejaban de un hermano (algo común y comprensible), los mandábamos a sentarse a otra habitación durante tres minutos, y luego debían regresar y decirnos cuatro cosas por las que estaban agradecidos por su hermano o hermana.

(Véase más sobre esta lógica en el libro Parenting with Confidence.)

d. Sharon y yo tratábamos de hablar con frecuencia de las cosas por las que estábamos agradecidos, tanto por los demás como por ellos.

Queríamos que una actitud de gratitud llenara nuestro hogar.

No, no lo hicimos a la perfección. Pero era un objetivo hacia el que apuntábamos.

Spurgeon dijo una vez:
“Seríamos diez veces más felices si fuéramos proporcionalmente más agradecidos.”

La gratitud es importante para Dios. Y debería ser importante para su pueblo.

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