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Un centinela vigilando en oración

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“Y cada día Mardoqueo paseaba frente al patio del harén para saber cómo estaba Esther y qué le pasaba.” (Esther 2:11, NVI)

La historia de Esther es la historia de la increíble providencia de Dios. Trabajando detrás de escena, Dios lleva a la hermosa Esther a la posición real de Reina en el momento exacto para que ella pueda interceder por su pueblo.

Pero debajo de esta maravillosa historia hay dolor. Los babilonios habían saqueado Jerusalén y se habían llevado a los parientes de Esther. Ahora, viviendo como exiliada, Esther es huérfana. Su madre y su padre habían muerto. Mardoqueo, su primo mayor, se encarga de criarla.

Pero el dolor no termina allí. Esther es elegida para un concurso de belleza que reemplazará a la desobediente Reina Vasti. Si gana, será casada con un tirano egocéntrico e inestable. Si pierde, será porque él la ha usado y la considera inaceptable. Pasará el resto de su vida en su harén, solo a la espera de su llamado lujurioso. Cualquier plan de una vida “normal” ha sido trastornado.

En medio de esta situación, el foco se dirige a Mardoqueo. Primero, había asumido con diligencia la causa del huérfano y la viuda cuidando de alguien cercano. Pero más que un cuidado físico, también estaba preocupado por su bienestar. Era una joven en un lugar peligroso.

Con ese conocimiento del peligro, la Palabra de Dios registra su constante preocupación. Como un centinela vigilando, el impotente Mardoqueo pasea frente al patio para enterarse de las últimas noticias de Esther. Aunque no se dice explícitamente, estoy seguro de que camina esos pasos consumido en oración.

Aquí tenemos una hermosa imagen de un padre intercesor. Sabemos mejor que nuestro hijo los peligros que lo rodean. ¿Pero qué debemos hacer? ¿Correr a rescatarlo? Como Mardoqueo, en muchos casos no podemos. Pero sí podemos mantenernos en contacto con ellos, intercediendo cada día.

Al hacer esto, imitamos a nuestro Salvador que oró por nosotros:

“No ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno.” (Juan 17:15, NVI)

Sin duda, el cuidado y la preocupación de Mardoqueo fortalecieron el corazón de Esther. Estaba sola, pero no desamparada. No había sido olvidada. Finalmente, las oraciones de Mardoqueo son respondidas. Su diligencia al vigilar a Esther lo ayuda a frustrar un complot y resulta en su honor. Más importante aún, se encuentra en posición de salvar a su pueblo.

¿Qué peligros enfrentan tus hijos? ¿Estás orando para que tu hijo sea guardado del maligno? ¿Estás caminando en la acera en oración? Puedes orar activamente, confiando en el Soberano.

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