
Si alguna vez has observado una construcción, sabes que se invierte mucho tiempo en asentar una parte del edificio o de la casa que no verás. A simple vista, parece que los constructores dedican una cantidad de tiempo desproporcionada a excavar los cimientos. Pero esa construcción invisible es vital para que la estructura se mantenga en pie ante las presiones venideras. Sin ella, el edificio caerá (Mt 7:47).
La doctrina de la inalterabilidad de Dios (o como la llaman los teólogos, inmutabilidad) es similar. A simple vista, no parece tan interesante como otros atributos, como el amor, la omnisciencia o la soberanía de Dios. Pero, al igual que un cimiento, da soporte a la estructura durante las presiones.
David hizo referencia a esta poderosa metáfora una y otra vez. Al enfrentar las pruebas de la vida, pudo declarar: «El SEÑOR es mi roca, mi baluarte y mi libertador; / Mi Dios, mi roca en quien me refugio» (Sal 18:2). Dios incluso se refiere a Sí mismo como la roca eterna.
Aunque la inmutabilidad de Dios sugiere a un Dios que no cambia, Él no es estático. Es más bien como las cataratas del Niágara: inalterable y siempre activo. Siempre firme. Siempre fiel.
Esto nos lleva a la vida familiar. En los pequeños problemas de la vida (jefes, hijos desobedientes, problemas financieros, tensiones matrimoniales) o en las grandes pruebas (cáncer, desempleo, traición), necesitamos una roca. Lamentablemente, es fácil esperar que nuestro cónyuge sea esa roca. A veces los esposos esperan que sus esposas sean su roca. En otras ocasiones, es la esposa quien espera que su esposo se mantenga firme. Como él no puede ser lo que solo Dios puede ser, es fácil descontentarse en medio de esa prueba.
La cita de Ruth Graham dirigida a las esposas ciertamente aplica a ambos:
Es una mujer necia la que espera que su esposo sea para ella lo que solo Jesucristo mismo puede ser: dispuesto a perdonar, totalmente comprensivo, infinitamente paciente, invariablemente tierno y amoroso, infalible en cada área, que anticipa cada necesidad y provee de manera más que adecuada.
En otras palabras, no esperes que tu cónyuge sea tu roca. Solo Dios puede ser eso.
Sí tienes una roca. Solo que no es tu cónyuge. Eso es pedirle demasiado a cualquiera.


