
Hace poco me reuní con un grupo de líderes de una iglesia la víspera de una conferencia. Conversamos sobre varios temas y, justo al final, el pastor principal me preguntó: «¿Qué crees que podemos hacer como líderes para fomentar el discipulado familiar?».
Lo cierto es que, como anciano ocupado, tienes varias razones para diseñar una estrategia en este ámbito. La primera es positiva: orar por un gran legado. Mientras cuidas a todos los niños de tu iglesia, anhelas invertir en las familias para que esos niños, al crecer, sigan al Señor, extiendan el reino e impacten en el mundo. La segunda es más bien negativa: ¿no tienen que ver muchos de tus casos de consejería y pastoreo con la vida familiar? El pecado se manifiesta primero en el hogar. Al actuar de forma proactiva, puedes aligerar tu propia carga cotidiana.
Con eso en mente, estas fueron las sugerencias que les compartí, medidas que pueden aplicarse con rapidez y sencillez.
Primero, como anciano o pastor, debes estar convencido de que el primer lugar, y el más difícil, para vivir el evangelio es el hogar. Allí se promueve y se expresa la santificación. Charles Spurgeon afirmó: «Lo que somos en casa es lo que en verdad somos. Por más que alguien parezca un santo de puertas afuera, si es un demonio en su hogar, puedes tener la certeza de que eso último es su verdadero carácter». Con esa convicción de fondo, nos esforzaremos por capacitar a los santos para vivir su fe en casa (Ef 4:12).
En segundo lugar, como pastor principal, procuraría que muchos de mis sermones incluyeran aplicaciones para vivir el evangelio en el hogar. Un sermón sobre el perdón, por ejemplo, aplicaría esa enseñanza de forma concreta al esposo, a la esposa, a los hijos y a los padres. Cuando predicaba con regularidad, tenía una lista de preguntas que repasaba durante mi preparación, y una de ellas era: «¿Cómo se aplica esto a las relaciones familiares?». También procuraba dirigirme con frecuencia a los niños presentes en la congregación.
En tercer lugar, dado que tanto los líderes actuales como los futuros deben dirigir bien su propio hogar, me aseguraría de que la iglesia contara con una lista breve de materiales de capacitación. Esto formaría parte de la capacitación de líderes, y durante nuestro tiempo de seguimiento conversaríamos sobre la familia de cada uno. Así, al acompañar a las familias de la iglesia, todos hablaríamos con una sola voz y un mismo criterio.
En cuarto lugar, buscaría reforzar algún material de discipulado familiar dentro del servicio dominical. Esto podría ser una pregunta semanal de catecismo, un versículo para memorizar o ambos. Una iglesia con la que he tenido contacto escogía un versículo cada semana: en el servicio del domingo por la noche, alguien se ponía de pie y lo recitaba en voz alta, o bien toda la congregación repetía el versículo o la pregunta del catecismo. La iglesia es una familia de familias, y todos necesitamos ese aliento.
En quinto lugar, aprovecharía el tiempo de la escuela dominical para rendir cuentas y capacitar a los demás. Los líderes del hogar, es decir, nosotros como hombres, necesitamos que se nos recuerde y se nos ayude con los devocionales familiares. En esta iglesia en particular, el resumen de la lección de la escuela dominical y el versículo para memorizar se enviaban el lunes. Pregunté si podrían tenerlo listo el domingo. ¿La razón? Que así pudieran dedicar unos minutos en la escuela dominical a repasar el devocional de la semana y preguntar cómo les iba en casa. Mi familia de iglesias aquí en Nueva Inglaterra dedicaba una pequeña parte de ese tiempo a destacar el plan de devocionales para la semana y a preguntar por las dificultades que enfrentaban las familias. Todos necesitamos recordatorios. Todos necesitamos un plan. Todos necesitamos orientación.
En sexto lugar, intentaría identificar a un catalizador del discipulado familiar. Lo ideal es una pareja que haya criado bien a sus propios hijos o que vaya por buen camino, y ayuda mucho que tenga capacidad para enseñar. Puede tratarse de un pastor o de un anciano. En todo caso, esta pareja asume la responsabilidad de capacitar a la iglesia en este aspecto, ya sea mediante eventos o grupos pequeños.
Por último, buscaría crear una estrategia de discipulado familiar más detallada. Podría incluir una conferencia periódica sobre la vida familiar; de hecho, he sabido de muchas iglesias que cada año alternan ese tipo de conferencia entre el matrimonio y la crianza. La estrategia también podría contemplar grupos pequeños que capaciten en esta área vital. Lo importante es tener siempre claro el plan que queremos implementar. Aquí entra de nuevo la lista breve de materiales recomendados que mencioné antes. El problema en Estados Unidos no es la falta de información, sino su exceso. Ayudamos a nuestra gente cuando, en lugar de enumerar todo lo disponible, seleccionamos los mejores recursos de capacitación.
Tengo muchas más sugerencias para los pastores y los directores de ministerios de niños y jóvenes. Pero surgieron de un pastor para otros pastores: los que hicieron esta pregunta. Como puedes ver, requieren pocos cambios estructurales o ninguno. Brotan de una sola convicción: queremos capacitar a los santos para vivir el evangelio en sus hogares.


