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Pregunta de mamá: ¿Somos más necesitadas que las generaciones anteriores?

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Recientemente estaba cenando con cinco matrimonios después de una conferencia. Una mamá muy sincera, que se había convertido al cristianismo alrededor de los diecisiete años, me preguntó:
“¿Somos las mamás de hoy más necesitadas que las generaciones anteriores? Al final, mi mamá nunca leyó un libro sobre crianza”.

Fue tan dulce y genuina que supe que no era una pregunta con trampa, aunque como hombre sentí que era un tema delicado. Esta fue, en esencia, mi respuesta:

No, no lo son

Los padres intencionales siempre han sabido que estaban entrando en una nueva etapa con información limitada. Los padres sabios, en todas las generaciones, han buscado ayuda. Mi propia madre me ha contado cómo en los años setenta se sentía desesperada por orientación y encontró ayuda en el ministerio del Dr. James Dobson. Una persona —y un padre— sabio busca consejo cuando enfrenta una tarea tan importante.

Además, en un mundo cada vez más conectado y, al mismo tiempo, más alejado de Dios, la iglesia se ha visto motivada a articular con mayor claridad cosas que antes daba por sentadas. Así han surgido muchos de los grandes pronunciamientos doctrinales de la iglesia. El proceso suele verse así:

  1. La iglesia practica y cree ciertas verdades.
  2. El mundo o falsos maestros desafían esas creencias que no estaban bien definidas.
  3. La iglesia se ve obligada a expresar con claridad lo que cree.

Creo que eso es exactamente lo que estamos viendo hoy con la familia. Durante mucho tiempo, gran parte de la cultura tenía una base bíblica, aunque sus prácticas estuvieran manchadas por el pecado. A medida que esa base se ha ido desmoronando, los cristianos genuinos han tenido que ser más intencionales y más claros en muchas áreas, incluida una teología bíblica de la familia.

Sí, en algunos sentidos lo son

En otros aspectos, sí creo que las mamás de hoy pueden ser más necesitadas. No porque lo sean por naturaleza, sino por una filosofía que hemos permitido que eche raíces.

Creo que muchas madres hoy viven con un miedo constante a “arruinar” a sus hijos. Como resultado, pensamos que una “buena madre” debe estar siempre encima de sus hijos, suplir cada necesidad, evitar que se aburran y acompañarlos en cada momento del día. Una “buena madre” sigue a sus hijos a todas partes y termina completamente agotada. En algún punto hemos llegado a creer que una mamá cansada es una mamá amorosa. Y entonces, cuando el esposo llega a casa, tiene que “rescatarla” porque la crianza se ha vuelto algo insoportablemente agotador.

La crianza cansa, y los padres definitivamente deben involucrarse. Pero no tiene que ser tan agotadora como algunas madres la hacen. Estamos criando hijos para que lleguen a la adultez. No es nuestra tarea suplir cada deseo ni entretenerlos cada minuto. Hay un tipo de “negligencia benigna” que las mamás necesitan introducir en la vida de sus hijos. Además, establecer rutinas y estructuras ayuda a los niños a desarrollar independencia y le da a las mamás espacio para cuidar de sí mismas.

Al aceptar esta mentira cultural, sí creo que algunas mamás de hoy terminan siendo más necesitadas que en generaciones anteriores. Si pensamos en épocas pasadas, cuando mujeres y niños tenían que trabajar para sobrevivir físicamente, no había tiempo para analizar cada detalle de la crianza ni para suplir cada necesidad emocional del niño.

Conclusión

Así que, ante la pregunta de si las mamás son más necesitadas que las generaciones anteriores, respondo con cariño:
“No… y sí”.

Y ese “sí” no tiene por qué ser así. Solo necesitamos reconocer esta inseguridad cultural —incluso dentro de círculos cristianos— que se pega a las mamás y aprender a luchar contra ella.

No centres tu vida en tus hijos, sino en Jesucristo. Coloca a tu esposo antes que a tus hijos. Cría a tus hijos para que sean adultos responsables e independientes. Y cuando te digan que estás arruinando su vida, sonríe y diles que sí. Luego mándalos a jugar afuera mientras tú te tomas un tiempo para ti.

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