Skip to main content
Uncategorized

El poder de un padre gozoso

image_printPrint Friendly Version

Criar hijos es una tarea exigente. Ya sean niños pequeños o adolescentes, cada etapa trae sus propios desafíos. Para los padres responsables que buscan criar a sus hijos para que obedezcan, amen y sigan al Señor, la lista de tareas puede crecer sin parar. A eso se suma una creciente sensación de fracaso. En medio de esos desafíos es fácil concentrarse en apenas sobrevivir. Podemos caer en una obediencia rígida o en un martirio desganado. Sé que yo alternaba entre los dos.

Cuando miro atrás esos años, desearía que alguien me hubiera dicho esto:

«Enfócate en el gozo».

¿Por qué?

Porque Dios ama al padre alegre.

En 2 Corintios 9:7 Pablo anima a dar con generosidad, y luego expone el principio que sostiene esa exhortación: «Dios ama al que da con alegría». Fue John Piper quien primero me hizo notar este principio y lo aplicó al ministerio pastoral. En aquel entonces yo trabajaba, sin darme cuenta, bajo una visión del pastorado impulsada por el deber. Al leer La supremacía de Dios en la predicación encontré que Piper aplicaba este principio general al liderazgo.

Fue como si se encendiera una luz. Quedé transformado. ¡Necesitaba ser un pastor alegre! Eso honraría más a Dios. Ese cambio terminaría por filtrarse hasta bendecir a mi iglesia.

Si esto es cierto para el pastorado, cuánto más para la crianza. Una obediencia estoica, amargada y movida solo por el deber no honra al Señor. Una Marta frustrada, preocupada y molesta por tantas cosas, no refleja a nuestro Dios trino. Lo único que logra es hacer miserables a quienes la rodean. No, Dios ama al que da con alegría. Yo necesitaba cuidar mi gozo y dar con alegría, tanto en el pastorado como en la crianza.

Historia de la iglesia

Este tema aparece esparcido por toda la Escritura y la historia de la iglesia. El primer sermón de Jonathan Edwards se tituló Christian Happiness [La felicidad cristiana], y su tesis era que los cristianos deben ser felices porque Dios está obrando todas las cosas para nuestro bien y lo mejor está aún por venir.

George Mueller descubrió esta aplicación práctica: «Vi con más claridad que nunca que el primer y principal asunto al que debía atender cada día era tener mi alma feliz en el Señor. Aquello de lo que debía ocuparme primero no era cuánto podría servir al Señor ni cómo podría glorificarlo, sino cómo llevar mi alma a un estado feliz y cómo alimentar mi hombre interior».

La Escritura

Estos santos reconocían las instrucciones que encontramos por toda la Escritura.

El gozo caracteriza la relación del Señor consigo mismo. El Dios trino experimenta un gozo inmenso entre las personas de la Deidad (Mt 3:17; 17:5). El salmista nos dice: «En Tu presencia hay plenitud de gozo» (Sal 16:11).

El amor gozoso les muestra a nuestros hijos quién es el Padre. El gozo caracteriza también Su relación con Su pueblo. Sofonías nos dice que Él se regocija por nosotros con cantos de júbilo (Sof 3:17).

El gozo es fruto de una vida controlada por el Espíritu. Gálatas 5:22 nos dice que el fruto del Espíritu en nuestra vida es… gozo. El Espíritu Santo trae a nuestra vida el gozo trinitario.

La alegría del SEÑOR es nuestra fortaleza. Salomón observa que la esperanza que se demora enferma el corazón (Pr 13:12). Frente a las pruebas de la crianza necesitamos fuerzas, y la alegría del SEÑOR es nuestra fortaleza (Neh 8:10). El deber estoico jamás podrá sostener nuestro espíritu a largo plazo. Es la alegría del SEÑOR la que nos fortalece para los desafíos que nos salen al paso.

Trabajamos por el progreso y el gozo de nuestros hijos. El pecado ofrece placer por un momento, pero termina inevitablemente en dolor. Cuando enseñamos, corregimos y disciplinamos, no lo hacemos para lucirnos ante los demás. Lo hacemos por su progreso y gozo (Flp 1:25).

Se nos manda tener gozo aun en las pruebas. Santiago 1:2 nos dice que tengamos por sumo gozo el hallarnos en diversas pruebas. Eso incluye las pruebas de la crianza y las pruebas familiares. Esas pruebas son presiones que nos llevan a la madurez.

Los padres gozosos hacen atractiva la vida cristiana. Cada vez estoy más convencido de que la característica principal que vuelve atractivo vivir para Cristo a los ojos de los jóvenes es el gozo. ¿Ves el deber cristiano de regocijarte en el Señor? ¿O eres un santo amargado que concibe la vida cristiana como si fuera beber jugo de limón?

Conclusión

Dios ama al padre alegre y a la familia alegre. Eso significa que el gozo está bajo mi control. Es mi deber sagrado ser feliz en el Señor. Un deber estoico que me empuja de una obligación a la siguiente sin deleitarme en el Señor ni en mis hijos no refleja a Dios.

Una familia piadosa es una familia (casi siempre) alegre. Si el mundo viera gozo en nosotros, tal vez levantaría la vista y prestaría atención. Nuestros hijos sin duda lo harán.

image_printPrint Friendly Version