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Cuando papá no quiere liderar en el hogar

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Hay una pregunta que me hacen casi sin falta en cada conferencia en la que participo:

«¿Qué hago cuando mi esposo no quiere liderar espiritualmente? Dice que es cristiano, pero no logro que tome la iniciativa».

Por desgracia, desde el huerto del Edén los hombres arrastran dos males: la pasividad espiritual y la dureza. Uno de los versículos más tristes de la Biblia es Génesis 3:6, donde la Palabra de Dios nos dice: «[Eva] tomó de su fruto y comió. También dio a su marido que estaba con ella, y él comió». En otras palabras, Adán estaba junto a Eva cuando Satanás la tentó. El que debía defender a su esposa del tentador no hizo nada. Fue pasivo. De eso mismo estamos hablando. En lugar de liderazgo espiritual e iniciativa, hay pasividad.

¿Cómo abordamos este problema? En cierto sentido, todo el material de Padres que hacen discípulos responde a esta pregunta. Pero permíteme dar algunas palabras breves y concretas de ánimo a la esposa, al esposo y a los pastores de la iglesia.

Palabras de ánimo para las mujeres

1. Ora. Dios obra mediante la oración. Él cambia los corazones mediante la oración. Si oras y si esperas que tu esposo crezca a la semejanza de Cristo, eso significa que crecerá en el liderazgo espiritual. Esa iniciativa se nota cuando asiste a la iglesia, cuando conversa contigo y con los hijos y cuando les enseña. Nunca subestimes el poder de la oración en secreto.

2. No conviertas esto en un ídolo. Ten cuidado de no compararte con otros ni de amargarte. Al mismo tiempo que te animo a orar, debes reconocer dónde te tiene Dios en este momento. Aun con un buen deseo, es fácil caer en la queja y en el descontento con el cónyuge que Dios te dio. Ese testimonio ante tus hijos destruirá cualquier bien que logres obtener de tu esposo. Una mamá alegre y contenta es un testimonio poderoso. Mi padre nunca tuvo nada parecido a un devocional familiar ni hablaba mucho conmigo de cosas espirituales. Pero lo vi trabajar sesenta horas a la semana, leer su Biblia con fidelidad y ser un miembro fiel de su iglesia. Ese ejemplo se quedó conmigo.

3. Sugiere iniciativas pequeñas que él pueda recibir bien. Después de orar, propón cosas pequeñas a las que él pueda estar abierto. El trabajo puede ser muy exigente para los hombres. Traemos la mente cargada con los problemas y desafíos de allá. Entonces, si nuestra esposa nos sugiere que hagamos algo, puede sonarnos a reclamo. «¿Qué hago? He estado pensando en el trabajo todo el día».

Pero una sugerencia pequeña que venga con una solución puede ayudar muchísimo. Por ejemplo: «Amor, encontré este devocional pequeño. Leerlo en la cena toma cuatro minutos. Yo mantengo callados a los niños. ¿Considerarías leérnoslo?». ¿Cómo puede un esposo negarse a eso? Se lo pides con amabilidad y le ofreces una solución. O también: «Amor, encontré un libro excelente sobre el carácter. ¿Se los leerías en el sofá mientras yo termino de ordenar?». En otras palabras, hago todo lo posible por prepararle el terreno.

4. Sigue tomando la iniciativa tú misma. En 2 Timoteo 1:5 vemos que fue la fe de la madre y la abuela de Timoteo la que influyó en él. Su padre no era creyente. ¿Qué puede afirmar Pablo entonces? Que Timoteo ha sabido las Sagradas Escrituras desde la niñez (2 Ti 3:14-15). ¡Su madre y su abuela se las habían enseñado!

Palabras de ánimo para los hombres

A los hombres podría decirles muchísimo sobre este llamado tan elevado de ser padre. Ya he dicho buena parte de ello en otros lugares. Pero en esta respuesta breve solo quiero subrayar dos cosas:

1. Dios nos manda instruir a nuestros hijos. Efesios 6:4 y Deuteronomio 6:6-7 no son sugerencias, sino mandatos. Si decimos que seguimos a Jesús, procuraremos tomar alguna iniciativa espiritual. Tal vez sea muy imperfecta. Pero Dios usa a personas imperfectas todo el tiempo. No hay otra clase de padres. El solo hecho de que lo intentes dejará una marca en tus hijos.

2. Cambia tu mentalidad sobre el regreso a casa. Muchas veces las exigencias del trabajo hacen que uno espere con ansias llegar a casa y descansar. Pero ¿es esta la manera correcta de ver las cosas? Como pastor descubrí que, si tenía una reunión en la noche, llegaba a casa, comía algo rápido y salía para la reunión. Saber que aún me quedaba trabajo por hacer después de llegar mantenía mi energía en alto.

Pero si llegaba con la expectativa de relajarme en casa, cualquier petición de última hora para salir me resultaba molesta. Esa diferencia me ayudó a entender que el asunto no tenía que ver con mi energía, sino con mi expectativa. Por eso animo a los hombres a ver la llegada a casa como el turno de un segundo trabajo. Tienes dos trabajos. Uno durante el día, para ganar dinero. El del segundo turno consiste en amar y guiar a tu familia. Cuando termines los dos, entonces sí puedes descansar.

Palabras de ánimo para los pastores y líderes

Por último, una forma en que los pastores de la iglesia pueden apoyar a las mujeres y desafiar a los hombres es preguntar con regularidad: «¿Cómo va el discipulado en tu familia?». Puesto que pastorear a nuestros hijos es un mandato y una manifestación de piedad en el hogar, resulta del todo apropiado que los pastores pregunten a los miembros cómo van con eso. El mejor desafío para un hombre espiritualmente pasivo suele venir de otro hombre.

Conclusión

Este problema es tan antiguo como Adán y no desaparecerá hasta que Cristo regrese. Aun así, todos los hombres necesitamos el apoyo en oración de nuestras esposas. Todos los hombres podemos crecer también en tomar la iniciativa espiritual.

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