
No separes tu vida espiritual de tu vida matrimonial
Por alguna razón, las parejas que asisten a la iglesia han dividido su vida religiosa de su vida matrimonial, como si fueran dos esferas que jamás se tocan. Así que, cuando enfrentamos conflictos en el matrimonio, lo último que pensamos suele ser: «¿Hemos orado juntos sobre esto?».
Sin embargo, orar juntos es en realidad un bálsamo para muchos de nuestros problemas y una vacuna contra muchos otros. Buena parte de las dificultades que atravesamos puede ser el resultado de descuidar la oración en pareja. Más allá del efecto que tiene sobre Dios, orar juntos produce el efecto místico de unir los corazones. Algo sucede cuando dos personas se acercan juntas al trono de la gracia.
¿Cómo empezar?
Debemos tener cuidado y no empezar con una meta poco realista. Cinco minutos de oración constante valen más que treinta minutos que comienzan y enseguida se abandonan. Lo ideal es que la oración la inicie el sacerdote del hogar, el hombre. No obstante, no hay nada de malo en que la esposa anime con suavidad: «¿Podemos tomar un par de minutos y orar juntos?».
¿Cómo orar?
Aquí debemos tener cuidado. Es fácil predicar mientras oramos. «Señor, ayuda a mi esposo a convertirse en el hombre que debe ser» es más predicar que orar. Las oraciones deben ser una verdadera súplica a Dios, no un sermón dirigido a Dios o a la otra persona en forma de oración. «Oh Dios, haz a mi esposo o esposa la persona que debe ser» no es una oración aceptable para elevar juntos.
En cambio, el enfoque de nuestra oración debe ser la acción de gracias al Señor, la confesión personal (de nuevo, no confieses pecados ajenos), la oración personal por ti mismo y la oración por ambos al enfrentar juntos esta lucha.
Veamos cada una de ellas.
Acción de gracias: La oración, al igual que las oraciones de Pablo, debe comenzar con acción de gracias. Cuando Pablo mencionaba sus oraciones en sus cartas, estas iniciaban con gratitud. El destinatario, a quien Pablo estaba a punto de corregir, veía por escrito el corazón genuinamente agradecido del apóstol. Hay algo que transforma nuestro corazón cuando elevamos oraciones de agradecimiento a Dios por una persona que nos está causando dolor. Siempre habrá algo por lo que puedas dar gracias por esa persona.
Confesión personal: Puesto que te exiges a ti mismo un estándar de perfección sin importar lo que haga el otro, probablemente exista pecado que puedas confesar y abandonar. La confesión genuina delante de la otra persona es poderosa. No confieses los pecados del otro ni los pecados mutuos, a menos que lo hayan acordado previamente. La oración es comunión sagrada con Dios y debe orientarse a ganar terreno con Él, no con la otra parte.
Súplica personal: La confesión de tus propios fracasos conduce de manera natural a la oración por una transformación personal. Resulta natural pedirle a Dios que aligere las consecuencias de tu pecado. Una vez más, el enfoque de la oración está en cambiarte a ti.
Súplica mutua: Por último, este es un momento para orar por las decisiones familiares que deben tomarse y que están generando desacuerdo. Pueden pedir con sinceridad sabiduría, para que Dios les muestre qué hacer. Siempre es bueno hacer eco de la oración sumosacerdotal de Jesús por protección frente a Satanás, unidad y santidad por medio de la Palabra (ver Jn 17). Si oramos, entonces debemos esperar que Dios responda. Parte de la expectativa de una oración llena de fe consiste en escuchar al Espíritu y buscar respuestas.
¡Sigue empezando!
¿Por qué no oras con tu cónyuge? ¿Demasiado tarde? Nunca es tarde para hacer lo correcto. ¿Demasiado ocupado? Tienes razón: estás demasiado ocupado. ¿él no toma la iniciativa? No hay nada de malo en una sugerencia gentil y humilde de la esposa. ¿No sabes cómo? Pide a otra pareja madura que los oriente.
Mantengamos nuestras familias bien nutridas orando en el Espíritu en todo tiempo, especialmente como esposo y esposa.


