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“Ningún padre sabe lo que hace”: una respuesta

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Estaba escuchando un audiolibro cristiano sobre crianza y, una vez más, oí a su autor decir: «Ninguno de nosotros sabe lo que hace. Nadie lo tiene todo resuelto. Todos vamos resolviendo esto sobre la marcha, día a día». Tras decir eso, se pone a escribir todo un libro, lleno de cosas que él sí tiene «resueltas». Será que me estoy poniendo viejo, pero este tipo de «autenticidad» y «confesión» ya empieza a molestarme de verdad. ¿La razón? Que, a mi juicio, ofende a Dios. Como padres y abuelos, tenemos el privilegio de influir en un alma eterna. Ante una tarea tan importante, ¿acaso insinuamos que Dios no nos dejó ninguna instrucción? ¿Que nos toca improvisar sobre la marcha? Esa idea me inquieta.

Dios ha dado Su Palabra

En el fondo, esa falsa humildad delata un desconocimiento de la suficiencia de la Escritura. Aunque la Biblia no es un manual de crianza, sí nos da instrucciones que nos equipan para la importante labor de formar las almas que Dios ha confiado a nuestro cuidado. En la Palabra de Dios hay mandatos que debemos obedecer y que les dan confianza a los padres. Son los senderos antiguos (Jer 6:16) por los que todo padre debe andar. Así que, cuando un autor o el líder de un taller dice: «No sabemos lo que hacemos», en realidad confiesa su propia ignorancia de las Escrituras. Lo que dice, literalmente, es esto: «Soy un ciego que guía a otros ciegos. Dios no nos ha dejado una palabra firme en las Escrituras».

Dios da sabiduría

Ahora bien, que Dios nos haya dejado principios claros no significa que tengamos la respuesta para cada situación o decisión. Eso puede hacer que un padre sienta: «No sé lo que hago». Pero, incluso entonces, contamos con un Dios que promete darnos sabiduría. En Santiago 1:5 Él declara: «Y si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada».

Los momentos confusos de la crianza deberían llevarnos de vuelta a la Palabra, a la oración y a Su iglesia, para pedirle sabiduría a Dios. Sin acudir a la Palabra de Dios, a Su Espíritu y a Su pueblo, en realidad no hay crianza cristiana, ¿o sí? Recuerdo muy bien las veces en que clamé al Señor por sabiduría ante algún nuevo reto con nuestros hijos adolescentes. Gracias a Dios, tenemos un Padre que escucha nuestras oraciones y nos da sabiduría.

Por eso, la próxima vez que oigas a un conferencista o a un autor sembrar dudas al declarar que ningún padre sabe lo que hace, ¡ten cuidado! Tal vez tenga algo de sabiduría sobre asuntos que la Biblia no toca, como la nutrición o qué juguetes usar. Pero, a menos que enseñe a partir de las Escrituras, sin darse cuenta podría pasar por alto al Dios que sí nos dejó una palabra firme en la Biblia. Las Escrituras capacitan por completo a hombres y mujeres para toda buena obra. ¡Eso incluye la crianza!

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