Skip to main content
Uncategorized

Mi familia, mi crecimiento: 5 características del arrepentimiento piadoso

image_printPrint Friendly Version

Los hijos son instrumentos de santificación que Dios nos da.

Dios nos da hijos pequeños para que los cuidemos, formemos e instruyamos (Ef 6:4). Sin embargo, en el proceso de pastorear sus almas, Dios también tiene la intención de que nosotros crezcamos. De hecho, nuestros hijos son uno de los principales instrumentos de santificación que Dios usa en nuestra vida.

Nos estresan y nos exigen más de lo que creemos poder soportar. Iluminan con luz de reflector los ídolos de nuestro corazón. Pero Dios dirige esa luz no para condenarnos, sino para que maduremos y crezcamos.

El primer paso en ese crecimiento espiritual implica el arrepentimiento. Hace quinientos años, cuando Martín Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de Wittenberg, comenzó con estas palabras: «Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo “Arrepiéntanse”, quiso que toda la vida de los creyentes fuera un arrepentimiento continuo».

La madurez cristiana se produce mediante el arrepentimiento. Sin embargo, he observado que los cristianos con frecuencia olvidan este mandato y este hábito de arrepentirse. En el hogar en particular, es fácil culpar a otros, pasar por alto el pecado o excusarlo. Quizás hemos tenido un día difícil, o nos ha tocado vivir una situación especialmente complicada en nuestra familia. Entonces nos justificamos.

El crecimiento a la semejanza de Cristo nunca se producirá mientras excusemos nuestro pecado.

Cinco principios

En cambio, los cristianos que más crecen ponen en práctica estas cinco verdades:

1. El arrepentimiento piadoso comprende el estándar de Dios. Jesús nos ha rescatado de la ley al darnos Su perdón y Su justicia por medio de la fe. Luego nos envía de vuelta a esos mandamientos para que sepamos cómo agradarlo. Con el poder del Espíritu, puedo obedecer Sus mandatos. No son una carga.

2. El arrepentimiento piadoso implica ser consciente de haber caído por debajo de ese estándar. Quiero ser consciente de los momentos en que no camino en el Espíritu con obediencia. A veces esa conciencia llega por medio de mi propia reflexión. Otras veces, llega porque alguien me lo señala. El simple hecho de preguntarme «¿Manejé esta situación como lo habría hecho Jesús? ¿La manejé a la perfección (Mt 5:48)?» me ayuda a ver en qué me quedé corto. Hacerme estas preguntas también me ayuda a hacerme responsable de las acciones no intencionales que afectan a otros. Soy responsable de mis acciones y de mis reacciones.

3. El arrepentimiento piadoso no excusa esa caída por ninguna razón. Una vez que reconozco el estándar conforme al cual debo vivir y en qué medida me he alejado de él, mi tendencia será excusar mi pecado o culpar a los demás. Al fin y al cabo, podemos decirnos a nosotros mismos: «Solo soy humano». «Creo que me va bastante bien considerando el esposo con el que tengo que vivir». «No conoces el trasfondo en el que crecí». Sin embargo, ninguna tentación me sobreviene más allá de lo que puedo soportar, y el Señor sí provee la vía de escape (1 Co 10:13).

4. El arrepentimiento piadoso implica la motivación de agradar a Dios sin importar lo que hagan los demás. Como no estoy excusando mi pecado, me concentro en agradar a Cristo. No puedo controlar a los demás, pero puedo andar en el Espíritu ahora. Por difícil que se pongan las cosas en mi hogar, quiero agradar a Cristo. Vivo con el juicio final en mente. Quiero escuchar: «Bien hecho, siervo bueno y fiel. Caminaste bien en esa prueba que te di».

5. El arrepentimiento piadoso implica centrarme, ante todo, en mí mismo. Por último, como corolario del punto 4, el arrepentimiento piadoso significa enfocarme en mí mismo. Esto no quiere decir que excusaré el pecado de los demás. Quizás sea necesario hablar de algunos asuntos. No voy a disimular el pecado que es preciso abordar. Sin embargo, reconozco que la única persona que puedo controlar soy yo mismo.

El arrepentimiento es absolutamente indispensable para crecer y convertirse en un cristiano maduro. Dios está obrando en mi vida familiar para mostrarme áreas en las que puedo crecer.

Hay mucho más en el crecimiento cristiano que el arrepentimiento. No hemos tenido tiempo de hablar de la gracia de Dios, del Espíritu que nos capacita ni del desvestirse y el revestirse. No obstante, el crecimiento cristiano no comienza sin el arrepentimiento.

image_printPrint Friendly Version