
La autoridad verbal. Algunos la tienen. Otros necesitan desarrollarla.
Mi madre medía 1,70 m y era de complexión delgada. Enseñaba inglés en la escuela secundaria. Era una maestra exigente y eficaz. Con los años, muchos de sus estudiantes le han dicho que fue su maestra favorita.
Pero no dudes ni por un momento de que tenía el control de su salón. Tenía completamente bajo control a jugadores de fútbol americano que pesaban el doble que ella. ¿Su mayor desafío? Un año le tocó un grupo de treinta estudiantes en la tarde, formado por futbolistas llenos de hormonas y porristas coquetas.
Ella ejerció su autoridad… y aprendieron inglés.
Su ejemplo me inspiró cuando enseñé en la secundaria durante algunos años. Y también debería inspirarte a ti. Un maestro, un pastor y, sí, también un padre necesitan entender la autoridad y sentirse cómodos al ejercerla para el bien de sus ovejas.
Hablar con autoridad
Charles Spurgeon describió a nuestro Padre celestial como alguien que posee autoridad y afecto perfectos. En términos generales, creo que los padres de hoy con niños pequeños están logrando la parte del afecto, pero con frecuencia se les escapa la parte de la autoridad.
¿Cómo le hablas con autoridad a un niño pequeño? Aunque no puedo señalarte un capítulo y un versículo, estas sugerencias vienen de varios años de experiencia. Entrenar a un hijo es entrenarse a uno mismo. Estas son algunas formas de entrenarnos.
Cinco sugerencias
1. Usa el nombre de tu hijo para captar su atención
Los niños suelen estar ocupados y absortos en su juego. Su nombre debería atravesar (y atravesará) ese ruido.
Por ejemplo:
«¿Antonio?»
«Sí, mamá».
«¿Podrías salir a buscar a tu hermana?»
«Sí, mamá».
2. Asegúrate de que puedan oírte
No debería hacer falta decirlo: hablemos de una manera en que nos puedan escuchar. Si están en el segundo piso, no grites desde la cocina. Camina hasta el pie de las escaleras.
3. Si están donde pueden verte, en la mayoría de los casos también deberían mirarte
Esto es simple cortesía. Pero nuestra atención también va hacia donde miramos. Así que, si damos instrucciones sin que nos estén mirando, lo más probable es que no hayan atravesado el ruido del día.
4. Entrénalos para que te den una respuesta verbal afirmativa
Es probable que tengas muchas conversaciones como esta:
«¿Antonio?»
«Sí, mamá».
«Vamos a salir en cinco minutos. Es hora de prepararse. ¿Entendido?»
«Sí, mamá».
5. Observa la obediencia y detecta la desobediencia
Como padres damos muchas instrucciones a lo largo del día. Puede ser agotador. Pero necesitamos observar con cuidado lo que decimos y cuál es la respuesta. Dios no es un Padre que amenaza y repite, y nosotros tampoco deberíamos serlo. Él dice lo que quiere decir, y lo que dice va en serio. Nosotros deberíamos hacer lo mismo. La autoridad se hace valer con consecuencias.
Cómo entrenar este hábito de respuesta verbal
Pero ¿cómo entreno a mis hijos para que me den atención con la mirada y con la voz? Simplemente niégate a avanzar al siguiente paso hasta que te den su atención. Repite si es necesario.
«Antonio y Lisa, préstenme atención».
Pausa.
«Mírenme, por favor, y digan “Sí, mamá”».
«Sí, mamá».
«Así está mejor. ¿Podrían por favor…? ¿Me entienden?»
Como padres, estamos entrenando constantemente, constantemente. En algún momento quizás decidamos que esto se ha convertido en un asunto de falta de respeto y de desobediencia, y comencemos a aplicar consecuencias. Pero al principio se trata de entrenar, entrenar y volver a entrenar.
Para el bien de tus hijos y para la gloria de Dios
Como padres, Dios nos ha delegado autoridad para que la ejerzamos por el bien de nuestros hijos. Él les ordena obedecernos y honrarnos. Esto es para su bien. Y es para la gloria de Dios. Como dijo J. C. Ryle: «No debes extrañarte de que los hombres se nieguen a obedecer a su Padre que está en los cielos, si les permites, cuando son niños, desobedecer a su padre que está en la tierra».
Para seguir leyendo sobre el porqué de la disciplina, lee el capítulo siete de Padres que hacen discípulos: «Preparemos a nuestros hijos para el evangelio».


