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Estoy mirando un artículo en un periódico denominacional escrito por un joven pastor con un doctorado de un seminario reconocido. En ese artículo hace una afirmación que ya he escuchado antes:
“Muchos padres cristianos jóvenes están pensando demasiado el tema de la crianza. Curiosamente, la Biblia tiene muy poco que decir sobre técnicas específicas, más allá de: ‘Aliméntalos, ámalos, no los desesperes y apúntalos a Jesús’”.

Como pastor y autor de un libro sobre la crianza, creo que esta afirmación es superficial y peligrosa. Estoy de acuerdo con algunas de sus preocupaciones. Sin embargo, su intento de provocar una risa termina siendo dañino y presenta una visión plana de la Biblia. ¿Diría también que la visión bíblica de la salvación se resume en: “Jesús me ama, lo sé, porque la Biblia me lo dice así”?

Veamos entonces su inquietud principal: ¿estamos pensando demasiado en la crianza o, en realidad, estamos pensando muy poco?

¿Pensando demasiado en la crianza?

Un amigo pediatra observa que la emoción más común que ve en las madres es el miedo: específicamente, el miedo a arruinar a sus hijos. Como resultado, muchas corren de una actividad a otra, rondando constantemente a sus hijos, temiendo que puedan dañarlos o no protegerlos de que otros los dañen.

Como respuesta a este espíritu de nuestra época, estoy de acuerdo en que existe un problema de “pensar demasiado” la crianza. Quizás una frase más precisa sería “preocuparnos en exceso por nuestra crianza”. Mamá, tu hijo nació con un corazón pecaminoso, en un mundo caído, de padres pecadores, y asiste a una iglesia formada por pecadores. Con tanta quebrantamiento, no existe manera de ser padres perfectos. Pero sí existen miles de maneras de ser buenos padres.

Debido al pecado que nos rodea, nuestro deseo de ofrecer a nuestros hijos un ambiente perfecto está destinado al fracaso. Como Marta en el relato bíblico, estamos preocupados y afanados por muchas cosas. Esta falta de confianza ciertamente produce una ansiedad constante.

Necesitamos volver a una autoridad confiada. Pero ¿de dónde vendrá esa confianza? ¿De Google? ¿Del blog de maternidad mejor diseñado?

No. La confianza proviene de la palabra segura de Dios para su pueblo: la Biblia.

Pensando muy poco en la crianza

Más que estar pensando demasiado en la crianza, el efecto noético del pecado ha llevado a muchos a pensar muy poco sobre ella. En realidad, nos preocupamos en exceso porque estamos reflexionando poco y mal.

Aunque Dios nos ha dado el altísimo privilegio de influir en un alma eterna, muchos padres están criando a sus hijos con una filosofía confusa, heredada de dos libros, tres blogs de mamás y la simple observación de lo que hace la mayoría. Esta ansiedad hace que el padre desconectado parezca indiferente. Y así tenemos la receta perfecta para el conflicto: una mamá temerosa y un papá ausente emocionalmente.

Si bien la palabra suficiente de Dios no es un manual de crianza, los principios e instrucciones sobre la crianza llenan sus páginas. Encontramos enseñanzas específicas en las epístolas y los Proverbios, y otros principios atraviesan toda la Escritura. Si Dios nos ha confiado el privilegio tan grande de discipular a la próxima generación, sin duda nos ha dado dirección en su santa Palabra.

La mayoría de los padres harían bien en examinar cuánto de su crianza está siendo moldeada por la cultura y en estudiar seriamente los principios de la Palabra de Dios sobre este tema. Cuanto más comprendamos la Palabra de Dios, mayor confianza tendremos. Criamos a nuestros hijos por fe, no por miedo.

Y permítanme recomendar los recursos de The Apollos Project: The Disciple-Making Parent y The Donut Date Journal. Después de todo, si no puedo recomendarlos en mi propio blog, ¿dónde podría hacerlo?

Conclusión

Crear un nuevo ser humano e influir en un alma eterna es uno de los privilegios más grandes que podemos tener. Como unos audífonos con cancelación de ruido, el control soberano de un Padre celestial bueno silencia el ruido ansioso de nuestra cultura, permitiéndonos escuchar la instrucción suave y fiel de la Palabra de Dios.

Ahí está. Permite que los desafíos de la crianza te lleven a la Palabra, no lejos de ella.

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