
Hace poco recibí esta carta de un amigo.
Hola, Chap. Un padre joven con dos hijos pequeños (de 2 y 5 años) me preguntó: «¿Qué puedo hacer para enseñar a mis hijos a amar a Dios y a interesarse en la Biblia y en la iglesia?». Le hablé sobre ser un modelo de amor por la Palabra de Dios, leer la Biblia con sus hijos y priorizar la adoración dominical. ¿Tienes una lista de las cinco cosas principales que los padres (en especial los papás) deberían hacer para ayudar en la formación espiritual de sus hijos?
¡Qué buena pregunta! Estos años son vitales para sentar un buen fundamento. Al presentarte las cinco áreas en las que enfocarte, creo que te parecerán muy comunes y corrientes. Sin embargo, en estas edades tempranas es necesario ser intencional. El discipulado familiar no es complicado en estos primeros años, pero sí requiere esfuerzo.
Esta es mi respuesta a aquel joven papá, junto con las cinco cosas principales en las que me enfocaría.
1. Deléitate en ellos con afecto. La Escritura dice que Dios se deleita en Su pueblo con cánticos (Sof 3:17). Como hombres, tenemos el gran privilegio de representar a Dios ante nuestros hijos. Él nos ama. Él cuida de nosotros. Él se interesa por nosotros. En la adolescencia, cuando surja la tentación de rebelarse, descubrirán que es muy difícil rebelarse contra el amor y el gozo. Así, al amarlos como papás, en realidad los estamos «discipulando». Sin darse cuenta, se forman una imagen de Dios. Sin siquiera notarlo, también se identificarán con nosotros y querrán imitarnos.
2. Ámalos con autoridad bíblica. Este principio equilibra el primero. Un recorrido por la Escritura revela que Dios se presenta como inmanente y trascendente. Por ejemplo, Jesús nos enseña a orar a nuestro Padre (un término íntimo) que está en los cielos (trascendente). Como padres, también reflejamos estas cualidades. Me gusta describir la crianza como una combinación de afecto y autoridad.
En general, esta generación más joven enfatiza el principio del afecto, pero ignora el de la autoridad. ¿Cómo ponemos esto en práctica? Como padre, reconozco que soy llamado a formarlos para que honren y obedezcan a su madre y a mí. También significa tener un hogar que no gire en torno a los hijos. Mis hijos son una parte querida de la familia, pero no su centro. Como papá, no busco ser su amigo ni su compinche. No me incomoda decir «no» ni corregir cuando es necesario. No permito que mi hogar siga el camino de la «crianza gentil».
3. Traza un plan claro de formación y obediencia. ¡Aunque no lo creas, esto es parte importante de lo que llamamos discipulado familiar! Estas edades tempranas son el momento perfecto para enseñar a nuestros hijos a obedecernos, con consecuencias cuando no lo hacen. No hacemos esto por un afán de poder, sino, como dice la Palabra de Dios, para que les vaya bien (Ef 6:1-3). Cuando nuestros hijos nos obedecen, aprenden a confiar y a obedecer a la autoridad suprema: Dios. Esta es una de las razones por las que la Escritura indica que un rasgo del hombre piadoso es que sus hijos le obedezcan (1 Ti 3:4-5, 12). Formar así a nuestros hijos es parte de nuestra labor como papás y parte de nuestro discipulado. Parenting with Confidence [Criar con confianza] ofrece más ayuda práctica al respecto.
4. Comunícales la Palabra de Dios a su nivel. Sin duda, esto es lo que tenías en mente cuando hiciste esta pregunta. Como papás, somos llamados a instruir a nuestros hijos y a procurar que reciban una buena enseñanza. ¡Dios es bondadoso y nos da hijos pequeños con quienes practicar!
Hay muchas maneras de poner esto en práctica según la edad de cada uno. Nuestro país está bendecido con abundancia de biblias con historias para niños y de libros que forman el carácter. No subestimes el poder de leerles. ¡No son demasiado pequeños! Un niño de dos años tiene entre 200 y 300 palabras en su vocabulario. Pero, en apenas dos años, al cumplir los cuatro años, tendrá entre 3000 y 5000 palabras. Conviene que influyas en ese vocabulario y te asegures de que tengan categorías para conceptos como Dios, Jesús, el evangelio, el pecado, la cruz, el amor, etcétera.
Además, hay otras maneras de introducir la Palabra de Dios en su vida. La música puede llenar nuestros hogares y enseñar de muchas maneras. Por supuesto, los catecismos se han usado durante generaciones para enseñar a las familias. ¡A los niños pequeños les encanta el formato de preguntas y respuestas! También se pueden introducir versículos para memorizar. Su mente es como una esponja. ¡Aprovéchalo!
5. Forma hábitos piadosos antes de que lo noten. Aunque la formación del carácter no puede regenerar el corazón, sí lo moldea. A menudo, el padre de hoy teme formar el carácter. Pero Dios nos llama a hacerlo (Pr 22:6). Por ejemplo, enséñales: «Leemos la Biblia todos los días. Vamos a la iglesia los domingos. Nos ponemos de pie en la iglesia cuando todos se levantan para cantar. Saludamos a los adultos que nos saludan». Por la noche, antes de acostarlos, les juntamos las manos y oramos. También podemos cantar la doxología o recitar el Padre nuestro. Habrá tiempo de sobra para conversaciones más profundas a medida que crezcan, pero por ahora formamos hábitos.
Hay mucho más que se podría decir sobre este tema. He incluido algunos enlaces más arriba, en esta breve respuesta. Aun así, ¡estas son buenas edades para sentar un fundamento!
¡Sigue adelante!


