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Tres verdades para derrotar el virus de la comparación

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La insensatez de compararnos

Pero ellos, midiéndose a sí mismos y comparándose consigo mismos, carecen de entendimiento (2 Co 10:12).

Compararnos con los demás es un hecho básico de la vida. Miramos a otros y nos juzgamos inferiores en dinero, belleza, inteligencia, ministerio, carrera o familia. Como resultado, nos sentimos inseguros. O bien vemos que nos va bien en algunas de esas áreas y eso nos tranquiliza.

Buena parte de la publicidad se construye sobre este acto inconsciente de compararnos. ¿No será que comparar nuestras vidas perfectas de Facebook o Instagram es una de las razones por las que la ansiedad crece? Aunque los hombres no son inmunes a esta tentación, las madres en particular pueden cargar, sin siquiera notarlo, con el peso de la comparación que ronda su mente. 

En el versículo anterior, Dios sale al paso de esta creciente ansiedad y la llama insensata. Cuando nos comparamos con otros, Dios dice que no vemos las cosas desde Su perspectiva.

¿Qué nos diría Dios exactamente? ¿Qué perspectiva se necesita para ser sabios?

Cómo vencer el virus de la comparación

Puedo distinguir al menos tres verdades que nos ayudan a combatir el virus de compararnos con otros.

1. Ninguno de nosotros da la talla. En realidad, solo un criterio importa: cómo estamos delante de Dios. Él nos dice que ninguno de nosotros alcanza Su gloria (Ro 3:23). No alcanzamos Su gloriosa intención para nosotros como individuos, y no alcanzamos a entrar en Su gloriosa presencia. Cuando ponemos nuestra fe en Cristo y somos adoptados como Sus hijos, somos aceptados. Somos amados. Ahora sí damos la talla, no por lo que hacemos, sino por lo que Su Hijo ha hecho.

En última instancia, vivimos para una audiencia de Uno. Ahora que soy aceptado en el Hijo, solo una cosa importa: agradar a mi Padre. Vivo únicamente para Su sonrisa.

2. Cada uno tiene un número distinto de dones, talentos y recursos. Jesús nos cuenta la parábola de los talentos y la parábola de las minas (Mt 25:14ss; Lc 19:12ss). En cada relato, la enseñanza es similar. El señor confía recursos diferentes a cada siervo y recompensa a cada uno según su fidelidad con lo que recibió, no según lo que tiene el otro. Por ejemplo, el que recibe cinco talentos gana cinco más y es elogiado. El que recibe tres gana tres más y también es elogiado. No se esperaba que ganara cinco. Comenzó con menos y devolvió menos, pero aun así fue recompensado como fiel.

De igual manera, Dios no nos crea con talentos y capacidades iguales. Solo tengo que ser fiel con lo que tengo, no con lo que no tengo. Si he recibido tres talentos, no debería sentirme inseguro frente a quien tiene cinco ni superior a quien tiene uno.

3. Cada uno tiene un llamado distinto sobre su vida. En Juan 21, Jesús restaura a Pedro, pero le anuncia que, cuando sea mayor, glorificará a Dios con la muerte de un mártir. Pedro de inmediato señala al apóstol Juan y pregunta por él.

¿Qué es esto sino comparación? Jesús le responde a Pedro: «¿a ti, qué? Tú, Sígueme». La historia de la iglesia registra que Juan sí murió de forma natural, mientras que Pedro murió como mártir. Pedro aprendió que Jesús nos llama a cada uno a seguirle. Como Señor soberano, tiene el derecho de disponer circunstancias distintas en el camino de la vida. Por ejemplo, tal vez una persona sea llamada a soportar una salud frágil, mientras que otra nunca sufre así.

Llevando estas verdades a mi alma

Dios grabó estas verdades en lo profundo de mi alma cuando, como joven pastor, me di cuenta de que no obtenía los resultados de mi mentor. Físicamente, no podía trabajar tantas horas como él ni movilizar a los hombres como él lo hacía. ¿Era yo un fracaso?

No. A medida que comprendí las tres verdades anteriores, obtuve una visión más sana de mí mismo y un caminar más saludable. ¿Qué haría yo?

Sería el mejor Chap Bettis que pudiera ser. Dada mi «huella» única, ¿a qué me estaba llamando Dios?

Comencé a interiorizar lo siguiente: primero, soy un siervo indigno (Lc 17). Necesito un Salvador y buscaré la santidad sin importar lo que hagan los demás. Segundo, tengo un conjunto único de dones y daré cuenta de ello. Soy una persona de tres talentos y necesito invertir bien para producir tres más. Tercero, Jesús tiene el derecho de llamarme a circunstancias únicas a las que no llama a otros. Lo glorificaré en esas circunstancias, sin sentir celos de los demás.

Comparación solo para la excelencia

Todavía miro de reojo lo que otros hacen. Pero esa comparación existe para impulsarme hacia la excelencia, no para definir mi identidad ni mi valor.

Mamá, papá, ¿está intranquilo tu hogar por las comparaciones insensatas con los demás? ¿Te sacude la ansiedad de esta época? Apaga las redes sociales y vive para agradar a tu Salvador. Deja de compararte con los demás.

vives para agradar al Señor. Su sonrisa es la que cuenta.

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