
Esta es una carta abierta a los papás que están en plena crianza. Tu labor como líder y pastor, proveedor y protector de tu familia es de enorme importancia.
En Efesios 6:4, Dios se dirige a nosotros como padres: «Y ustedes, padres, no provoquen a ira a sus hijos, sino críenlos en la disciplina e instrucción del Señor».
Es cierto que las mamás son algunas de las discipuladoras más importantes y esforzadas que tiene la iglesia. Aportan fortalezas únicas que los hombres no tenemos. Pero aunque la Escritura llama a las mujeres a ser las principales formadoras del corazón de nuestros hijos, a los hombres se nos encomienda dirigir bien el hogar (1 Ti 3:4-5). En última instancia, somos responsables ante Dios por el rumbo que tomamos y las normas que establecemos como familia.
Por esa razón, esta es una carta de un padre para otros padres. Es un llamado a que dirijas y pastorees bien a tu familia. Te escribo para advertirte sobre una enseñanza dañina que podría amenazar a tu familia en el futuro. Circula bajo el nombre de «crianza respetuosa».
La crianza respetuosa
¿Qué es la crianza respetuosa? Es una filosofía popular que se extiende por todo el mundo y, a la vez, resulta difícil de definir con precisión. La han popularizado libros como Gentle Discipline [Disciplina respetuosa], de Sarah Ockwell-Smith, fundadora de GentleParentingInternational.com, y Good Inside [Buenos por dentro], de la Dra. Becky Kennedy.
Lo que parece haber confundido a los cristianos es que hay algunas aplicaciones que a todos nos pueden resultar útiles. Por ejemplo:
- Se hace énfasis en construir una conexión de corazón con tu hijo. No se trata solo de cultivar cercanía, sino también de llegar a la raíz de una conducta (o de un patrón de conducta).
- Queremos atacar el problema, no a la persona, y unirnos para resolverlo juntos.
- La crianza debe orientarse a una meta, en lugar de solo administrar (o reaccionar a) las conductas.
- No queremos criar desde el enojo.
Aunque estas ideas son buenas, también dependen de la edad del hijo. Buscó profundizar esa conexión de corazón a medida que mis hijos crecen. Trabajamos para resolver problemas juntos conforme entran en la preadolescencia y la adolescencia.
Aunque la crianza respetuosa es difícil de definir, sigo oyendo hablar de numerosas aplicaciones imprudentes. En la práctica, significa mamás que negocian con su hijo de tres o cuatro años. También significa negarse a establecer cualquier tipo de orden directa o consecuencia negativa. Aún más, llega a significar estar en desacuerdo con otras filosofías de forma tan intensa que lleva a la persona a irse de una iglesia. Lamentablemente, quienes siguen la crianza respetuosa suelen tener hijos no tan respetuosos (es decir, indómitos). ¿La razón? Debajo de este estilo de crianza subyacen ideas que no son bíblicas.
Por ejemplo, Danielle Sullivan, asesora de crianza y conductora del Neurodiverging Podcast, radicada en Lafayette, Colorado, afirma: «La crianza respetuosa, también conocida como crianza colaborativa, es un estilo de crianza en el que los padres no obligan a los hijos a comportarse mediante el castigo o el control, sino que recurren a la conexión, la comunicación y otros métodos democráticos para tomar decisiones juntos como familia».
La Dra. Becky Kennedy escribe: «Permíteme compartir una suposición que tengo sobre ti y tus hijos: todos ustedes son buenos por dentro. Cuando llamas a tu hijo “un malcriado”, sigues siendo bueno por dentro. Cuando tu hijo niega haber derribado la torre de bloques de su hermana (aunque tú lo viste hacerlo), él sigue siendo bueno por dentro. Y cuando digo “bueno por dentro”, me refiero a que todos, en lo más profundo, somos compasivos, amorosos y generosos. El principio de la bondad interior guía todo mi trabajo […]».
Uno pensaría que ideas tan claramente contrarias a la Biblia harían saltar las alarmas de quienes siguen a Cristo y creen en Su Palabra. Bernard Howard escribió un artículo para Coalición por el Evangelio que es incluso más tolerante de lo que yo sería, pero que aun así señala el grave error de fondo. En lugar de darle la razón, The Christian Post informó que el artículo «generó debate» entre «expertos cristianos en crianza».
Una verdad a medias
El difunto J. I. Packer lo expresó con una frase célebre: «Una verdad a medias que se hace pasar por una verdad completa se convierte en una mentira total». Eso es precisamente la crianza respetuosa: muchas verdades a medias y engañosas que se presentan como verdades completas y se abren paso en la iglesia a través de mamás amorosas.
Examinemos algunas de las maneras en que esta enseñanza es dañina.
1. Nos impide afirmar una comprensión completa del pecado. «Nuestros hijos son buenos por dentro», nos dicen. La Biblia afirmaría que nuestros hijos son preciosos para nosotros y para Dios. Están hechos a Su imagen. El pecado no ha tenido tanto tiempo para desarrollarse como en los adultos. La Escritura presenta a los niños como ejemplos de confianza (Lc 18:16-17). Sin embargo, también son ejemplos de ignorancia e inestabilidad (Ef 4:14; 1 Co 14:20). Los hijos, como todos nosotros, están a la vez hechos a imagen de Dios y manchados por el pecado. Los hijos, como todos nosotros, quieren seguir su propio camino y no desean que nadie más los gobierne (Is 53:6). Los hijos, como todos nosotros, son pecadores y necesitan un Salvador.
2. Nos impide instar a nuestros hijos a obedecernos y honrarnos. En Efesios 6:1-3, Dios dice que los hijos deben obedecer y honrar a sus padres. ¿Quién lo dijo? Dios. ¿Qué les dice a tus hijos? Honren y obedezcan a papá y a mamá. Un hijo que obedece a sus padres agrada al Señor (Col 3:20). Si Dios ordena a los hijos que obedezcan, significa que pueden y deben hacerlo; y si deben obedecer, entonces es legítimo que los padres, con sabiduría, den órdenes y establezcan reglas en el hogar.
Nuestra meta como padres es formar con amor a nuestros hijos en la obediencia. Eso es «criarlos en la disciplina del Señor». Dios llama a nuestros hijos a someterse a nuestra autoridad amorosa. El camino de Dios no es la «crianza colaborativa». A medida que nuestros hijos crezcan, sin duda buscaremos su opinión. Pero, al final, nuestro hogar es una dictadura amorosa, atenta, bondadosa y reflexiva. Nosotros somos los padres.
Si creemos que nuestros hijos son frágiles y que los dañaremos si no escuchamos sus sentimientos, dudaremos en exigir obediencia. Pero la verdad es que nuestros hijos ya vienen averiados. Tienen el pecado grabado en el disco duro de su corazón. Con amor, los sacamos de su egocentrismo natural cuando los formamos para que nos amen y obedezcan.
3. Nos impide aplicar una disciplina dolorosa. Sobre este punto nos dicen muchas cosas. «Como son buenos por naturaleza, colaboramos o distraemos». Para el cristiano, los autodenominados expertos en crianza han añadido otra mentira: «Como Jesús cargó con nuestro castigo y Dios quiere que tratemos a nuestros hijos como Él nos trata, no castigamos». Supongo que son mejores padres que teólogos, porque, en el mejor de los casos, esto es un malentendido. En el peor de los casos, confunde dos cosas distintas.
Esta entediendo no coincide con la manera en que Dios nuestro Padre nos trata ni con la forma en que debemos amar a nuestros hijos. La bondad de Dios no está reñida con que use el dolor para con Sus hijos. Hebreos deja claro que un padre humano imita a su Padre celestial cuando usa consecuencias dolorosas para formar al hijo en una vida de rectitud (He 12:7). El resultado de unas consecuencias negativas bien aplicadas es la paz. Proverbios, por su parte, dice que el hijo consentido avergüenza a su madre (Pr 29:15). Jesús mismo nos muestra lo que es el verdadero amor cuando declara: «Yo reprendo y disciplino a todos los que amo» (Ap 3:19). Cuando algunos argumentan que, como Jesús cargó con nuestro castigo, no deberíamos castigar, olvidan que Dios primero puso a Su hijo, Israel, bajo la ley. La ley preparó el camino para Cristo (Gá 3:24). De igual manera, las «leyes» de nuestro hogar ayudan a nuestros hijos a reconocer su necesidad de un Salvador.
La crianza respetuosa equipara las consecuencias negativas, amorosas y formativas, con el castigo severo. El castigo severo como venganza está mal. Las consecuencias negativas para formar están bien.
Una falsa dicotomía
Quizás la mayor falsedad está en el nombre mismo: «crianza respetuosa». ¿Respetuosa en contraste con qué? Se da a entender que se contrapone a una crianza dura o punitiva.
Por supuesto, los cristianos estamos llamados a la mansedumbre, que es un fruto del Espíritu (Gá 5:22). La dureza no debería tener lugar en una familia cristiana. Pero esa etiqueta nos impide ver toda la verdad bíblica
¿Qué tipo de crianza tiene el equilibrio bíblico correcto? La crianza bíblica consiste en autoridad y afecto. Esas dos cualidades se ven a lo largo de toda la Escritura en relación con nuestro Padre celestial. Incluso los estudios sociológicos han demostrado que esa clase de hogares forma hijos que florecen. Son hogares donde hay mucha calidez y mucha autoridad. Los hijos saben que son amados y que deben obedecer a papá y a mamá.
Papá, pastorea a tu familia
La razón por la que escribo esto a los hombres, y no a las mujeres, es que el carácter engañoso de esta enseñanza se aprovecha de la fortaleza de las mujeres que amamos. Pablo, al describirse a sí mismo, habla del amor maternal que mostró a los tesalonicenses: «Más bien demostramos ser benignos entre ustedes, como una madre que cría con ternura a sus propios hijos» (1 Ts 2:7). Sin embargo, apenas unos versículos después recordó cómo los había tratado, esta vez como un padre: «Saben además de qué manera los exhortábamos, alentábamos e implorábamos a cada uno de ustedes, como un padre lo haría con sus propios hijos, para que anduvieran como es digno del Dios que los ha llamado a Su reino y a Su gloria» (1 Ts 2:11-12). ¿Notaste el contraste en la mente de Pablo? Simplemente daba por sentado lo que todos sabemos. Por lo general, las madres y los padres tienden a relacionarse con sus hijos de maneras complementarias. Ambos son importantes. Ninguno de los dos puede faltar.
Lamentablemente, las mentiras de la crianza respetuosa imitan la estrategia satánica de Génesis 3. El diablo le habló a Eva con verdades a medias mientras Adán permanecía pasivo a su lado (Gn 3:6). Como resultado, la familia humana cayó en pecado.
Hombre, no dejes que esto ocurra en tu familia. No delegues pasivamente la filosofía de crianza en tu esposa. Aunque ella es tu mayor ayuda, a ti te corresponde dirigir a tu familia. Al final, tú y yo compareceremos ante el Señor para dar cuenta de si pastoreamos bien a nuestra familia. Busca siempre recibir enseñanza bíblica sobre la familia y la crianza. Mientras valoras la gran contribución de tu esposa, mantente firme contra la enseñanza destructiva de la crianza respetuosa.
Que Dios bendiga el discipulado en tu familia.


