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Family DiscipleshipLeadership

Barreras para el discipulado familiar

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Si buscamos honrar al Señor en nuestra familia, podemos esperar oposición. El mundo, la carne y el diablo nos combatirán en todo momento. Sin embargo, identificar esa oposición puede ayudarnos a hacerle frente.

Hace poco me preguntaron cuáles consideraba que eran las barreras más comunes para que seamos padres que hacen discípulos. Esta es mi respuesta.

Primera barrera del discipulado familiar: no saber qué hacer

Algo que escucho con frecuencia de los padres es que no saben qué hacer. Algunos complican demasiado el discipulado de sus hijos, pensando que deben hacer una docena de cosas distintas al mismo tiempo. Otros quedan paralizados porque no saben con exactitud qué hacer.

Al estudiar la vida de Jesús podemos ver que Él hizo discípulos en medio de la vida cotidiana. ¿Cómo lo logró? Modeló la vida que quería que ellos vivieran, les enseñó y los envió a hacer lo mismo. Padres que hacen discípulos busca capacitar a los padres en cada uno de estos aspectos del discipulado.

Segunda barrera del discipulado familiar: el miedo

Como padres tenemos muchos temores. Aquí me refiero al miedo de que nuestros hijos se queden atrás. Como padres tomamos todo tipo de decisiones porque amamos a nuestros hijos. Queremos bendecirlos. Queremos darles lo mejor, pero ¿qué es lo mejor? Lo mejor es el evangelio.

Estamos rodeados de otros padres que no son cristianos. Ellos también quieren darles lo mejor a sus hijos. Sin embargo, ese «mejor» no incluye el evangelio.

Críemos por fe y no por temor, manteniendo el evangelio en primer lugar.

Cuando miramos a otros padres, es fácil sentir temor de que nuestros hijos se estén quedando atrás. No obstante, cada padre debe decidir qué le preocupa más: que su hijo entre al cielo o que entre a Harvard. Todos tenemos nuestros «Harvards» (esos éxitos mundanos que anhelamos para nuestros hijos). Pero solo una cosa puede ocupar el primer lugar.

Así que críemos por fe y no por temor, manteniendo el evangelio en primer lugar.

Tercera barrera del discipulado familiar: mi propia vida en el hogar

Una tercera barrera puede ser nuestra propia sensación de fracaso en el hogar. Nuestros hijos ven lo peor de nosotros. Por eso es fácil sentir que no soy muy buen seguidor de Jesús. Pensamos: «¿Cómo podré hablarles a mis hijos sobre Jesús cuando han visto la manera en que actué esta semana?».

El lugar más difícil para vivir el evangelio es el hogar. Aun así, nuestros hijos no necesitan padres perfectos. ¡No existen! Lo que necesitan es saber que sus padres reconocen su necesidad de la gracia de Jesús.

Cuarta barrera del discipulado familiar: la falta de rendición de cuentas

Todos necesitamos ayuda para mantener el rumbo. Aunque tenemos la Estrella Polar como guía, las tormentas y presiones de la vida nos arrastran en distintas direcciones. Todos necesitamos a otros que caminen junto a nosotros. Por eso Dios nos ha dado pastores, la iglesia y amigos. Recorremos juntos este largo camino. Necesitamos amigos que nos animen en este recorrido.

La falta de conocimiento, el temor, mi propio pecado y la falta de rendición de cuentas son todas barreras para el discipulado familiar. Sin embargo, el Señor ha prometido Su presencia mientras buscamos obedecerle.

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