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 «Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5:10).

Como padre, quiero lo mejor para mi hijo. Pero, en ese afán de buscar lo mejor, puedo llegar a Como padre, quiero lo mejor para mi hijo. Pero, al buscar ese bien, puedo confundirme y guiarme solo por la sabiduría humana. Detesto ver a mi hijo sufrir de cualquier forma. Sin embargo, seguir a Jesús implica sufrir. Por tanto, si voy a llamar a mis hijos a seguir a Cristo, los estaré llamando a sufrir.

Quizás el ajuste sobre el sufrimiento deba comenzar en mi propia mente. Hace más de treinta años, Francis Schaeffer argumentó que la mayoría de los cristianos adultos están adorando los ídolos de la paz personal y la prosperidad. Nosotros, los padres, queremos un cristianismo que nos brinde una sensación de tranquilidad y un mejor estándar de vida. Lamentablemente, el Sermón del monte derriba esos ídolos al enseñarnos que somos bienaventurados cuando sufrimos por causa de la justicia.

De hecho, Jesús habló de enviar a Sus discípulos como ovejas en medio de lobos (Mt 10:16). No somos mayores que nuestro maestro. Si a Él lo persiguieron, también nos perseguirán a nosotros (Jn 15:20). ¿Por qué? Jesús enseña que sufriremos por causa de la justicia. Esa justicia puede manifestarse en palabras de verdad pronunciadas o en acciones vividas. No obstante, la justicia provocará una reacción negativa.

Discipular a nuestros hijos para que esperen persecución será difícil. La persecución toca el corazón de la tentación de todo joven: el amor a la popularidad. Para agradar a Cristo, en algún momento tendrán que desagradar a los que los rodean.

La mayoría de los cristianos adultos están adorando los ídolos de la paz personal y la prosperidad

Por eso necesitamos prepararnos y enseñarles a nuestros hijos una visión bíblica del sufrimiento. ¡Pablo enseñó que sufrir por Cristo es en realidad un privilegio concedido a los cristianos (Fil 1:29)! Más aún, en ese sufrimiento por Cristo, llegó a conocerlo mejor. Pudo afirmar que una de las metas de su vida era conocer a Cristo, el poder de Su resurrección y la comunión en Sus padecimientos (Fil 3:10). Pedro nos enseña a regocijarnos en el sufrimiento porque seguimos el ejemplo de Cristo.

Entonces, ¿cuál es la mejor manera de emprender esta difícil tarea?

1. Enséñales a no buscar el sufrimiento, sino a esperarlo. Es señal de que estás haciendo algo bien. Cristo nos dejó ejemplo de sufrimiento, así que la pregunta no es si sufrirás, sino cuándo. ¿Estás preparado para sufrir? Una de las mejores maneras en que podemos preparar a nuestros hijos es prepararlos para sufrir. Quiero animarlos a esperar el sufrimiento como parte de la vida abundante que Jesús me prometió. De hecho, sufrir por hacer lo correcto es un sello de la bendición de Dios. Significa que estoy haciendo algo bien (1 P 3:13).

2. Enséñales a estar dispuestos a pagar el sufrimiento en pequeñas dosis. Muchas veces la pregunta no es: «¿Moriré por Jesús?», sino: «¿Viviré por Jesús?». Hay distintos tipos de sufrimiento. Pablo describe parte del suyo en 2 Corintios 11:23-29. En ese pasaje pasa del sufrimiento físico —«en peligros…»— al sufrimiento emocional. Así describe la lucha emocional que enfrenta por Cristo: «Además de tales cosas externas, está sobre mí la presión cotidiana de la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién es débil sin que yo sea débil? ¿A quién se le hace pecar sin que yo no me preocupe intensamente?». ¿Les enseñaremos a nuestros hijos que es bueno ser incomodados por causa del reino? ¿Los pondremos en situaciones en las que sean incomodados por servir a otros? ¿Entendemos que la vida abundante incluye inconvenientes?

3. Anímalos a defender a Cristo delante de sus amigos. Los primeros cristianos vivieron en una cultura centrada en la adoración al emperador. Para unir a los diversos pueblos que conquistaban, los romanos imponían la adoración a la diosa Roma, el espíritu de Roma. Las personas solían estar dispuestas a pagar ese pequeño precio, pues los romanos habían traído paz y orden a su región. Con el tiempo, esa adoración se trasladó al emperador. Una vez al año, los súbditos del Imperio romano debían quemar una pizca de incienso al césar y decir: «César es Señor». Tras cumplir con ese deber «patriótico», recibían un certificado y podían adorar al dios que quisieran. Pero esto fue precisamente lo que los primeros cristianos se negaron a hacer. Se rehusaron a transigir en esa única pequeña cosa, y por ello pagaron el precio del ostracismo, e incluso de la muerte.

4. Enséñales que el sufrimiento es necesario para la propagación. Pablo afirma que completaba en su carne lo que faltaba de las aflicciones de Cristo, a favor de Su cuerpo, que es la iglesia (Col 1:24). Los padecimientos de Cristo no son insuficientes en cuanto a su valor para la propiciación. Su único sacrificio pagó por nuestros pecados. Sin embargo, el sufrimiento sigue siendo necesario para la propagación. Cuando nos comprometemos a sufrir por la verdad y por la justicia, seguimos participando en los padecimientos (no propiciatorios) de Cristo, que continúan en la historia. Para que el mensaje avance y la iglesia se edifique, debe haber sufrimiento por parte del pueblo de Cristo. Cuando sufrimos, podemos descansar en la certeza de que el evangelio avanza.

Todos estos principios son buenos, pero, más allá de la exhortación y el acompañamiento espontáneos, ¿cómo los llevamos a la práctica? Una manera excelente es…

5. Practica el evangelismo de contacto. En la práctica, el evangelismo de contacto es un medio excelente para entrenar a nuestros hijos a defender su fe. El evangelismo de contacto no es el evangelismo relacional espontáneo que surge cuando hablamos con las personas en el curso de nuestra vida diaria. Consiste en tomar la iniciativa, en el poder del Espíritu Santo, y salir intencionalmente a compartir el evangelio con la gente en un espacio público. Conlleva una forma de valor y de sufrimiento. Compartir la verdad sobre Cristo va a provocar una reacción. Sin embargo, hay algo en ser «obligados» a defender la fe en público que produce crecimiento personal.

Los comunistas entendieron bien este principio. En su clásico de 1966, Dedication and Leadership [Dedicación y liderazgo], Douglas Hyde detalla los medios que el Partido Comunista usaba para preparar trabajadores dispuestos a soportar dificultades y sufrimiento. Hyde escribe:

De manera bastante deliberada, y con buena razón, el Partido envía a sus nuevos miembros, siempre que es posible, a alguna forma de actividad pública antes de que comience la instrucción. Más concretamente, busca comprometer públicamente al recluta con el comunismo. A menudo esto toma la forma de enviarlo a pararse al borde de la calle o en algún lugar público a vender periódicos, revistas o panfletos comunistas. Puede parecer una actividad muy sencilla, incluso de bajo nivel. En realidad es de profunda importancia psicológica […]. Por humilde que parezca la tarea, participar en ella exige para muchas personas cierto grado de coraje moral […]. Hace falta otro acto de coraje moral para permanecer en una lucha para la cual, a estas alturas se da cuenta, no está plenamente equipado. El coraje moral no es un mal punto de partida para acciones futuras.

Mis tres hijos mayores han participado en alguna forma de evangelismo de contacto. El crecimiento y el entusiasmo en ellos fueron palpables. Uno fue en otro país. Los otros dos participaron en entrenamiento de evangelismo y salieron a las calles y parques. Los adultos se mostraron sorprendentemente receptivos a hablar sobre temas espirituales con un grupo de estudiantes de secundaria. ¿Dónde están los líderes de jóvenes o los padres que guiarán a los jóvenes a su alrededor en un alcance estratégico?

Jesús cierra Su manifiesto del reino dando por sentado la valentía y el conflicto. Ser bienaventurado es tener la fortaleza interior para proclamar un mensaje impopular y vivir una vida impopular. ¡Que esto sea verdad de nosotros! ¡Que esto sea verdad de nuestros hijos!

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