
Hace poco tuve el privilegio de escuchar a Erik Raymond, autor de Chasing Contentment [En busca del contentamiento], hablar sobre ese mismo tema. Es un orador excelente, sencillo y lleno de metáforas. Mientras se dirigía a nosotros, comencé a aplicar sus palabras a mi vida en el hogar. Quizás también te ayuden a ti.
Aquí tienes algunas reflexiones personales al pensar sobre el contentamiento y el descontentato en el hogar.
1. Mi hogar es el epicentro donde veo mi corazón descontento
Ya sea que me queje en mi interior sobre mi cónyuge, mis hijos, mis finanzas, mi casa o una infinidad de otras cosas, es fácil estar descontento con mi vida familiar. Tal vez tengo grandes esperanzas que no se están cumpliendo. Quizás estoy comparando a mi cónyuge o a mis hijos con otros. Tal vez hay pequeñas irritaciones con las que debo aprender a vivir.
Cualquiera que sea el caso, el hogar revela mi corazón. Además, mis hijos están observando mi actitud. Si me quejo sobre mi cónyuge, ellos lo notarán. Si busco defectos constantemente en él o en ellos, se darán cuenta. En lugar de excusar mis quejas y culpar a los demás, debo darme cuenta de que la murmuración proviene de mi corazón y no de mis circunstancias.
2. Mi vida en el hogar es el epicentro donde aprendo a tener un corazón contento
Si el hogar revela mi corazón, también puede ser un pequeño lugar donde puedo crecer. La confesión y los pequeños arrepentimientos pueden ayudarme a recibir estas irritaciones de parte del Señor. Esto puede ayudarme a revestirme de agradecimiento y ánimo hacia mis seres más cercanos. Pueden llevarme a encontrar mi contentamiento supremo en Cristo y no en mi familia. El contentamiento es un atributo que se aprende. Pablo dijo que había aprendido a estar contento en cualquier situación.
3. Mi contentamiento en el hogar se trata de mi corazón.
Mi contentamiento en casa no depende de mis circunstancias. En palabras de Erik: «Las circunstancias no le hablan al contentamiento; el contentamiento debe hablarle a las circunstancias». Como dijo Elisabeth Elliot en Keep a Quiet Heart [Mantén un corazón en paz]: «El secreto es Cristo en mí, no yo en un conjunto diferente de circunstancias».
4. Mi contentamiento se fundamenta en mi visión del carácter y la providencia de Dios. El contentamiento encuentra su fuerza, fuente y modelo en Dios. Antes de Génesis 1, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo habitaban en un feliz contentamiento. Yo también puedo habitar en un feliz contentamiento pase lo que pase.
Además, ¿confío en que hay un Dios bueno y sabio detrás de las circunstancias de mi vida hoy? Como afirmó John Flavel: «La providencia, al igual que las letras hebreas, debe leerse hacia atrás». ¿Creo que mis circunstancias están hechas a la medida para hacerme como Cristo, y que Cristo es el sastre?
5. Enseñar a nuestros hijos a estar contentos debería ser una meta de todo padre. Estamos rodeados de familias abrumadas que corren de una actividad a otra. Las empresas utilizan el descontentamiento para que compremos la siguiente actualización. Las redes sociales proyectan imágenes felices que hacen que el descontentamiento resuene en nuestro corazón. Como padres, nuestro trabajo no es evitar que nuestros hijos se aburran o se sientan descontentos en algún momento. Nuestra labor es trazar una visión para que aprendan el contentamiento en cualquier circunstancia.
6. La falta de contentamiento en mis hijos probablemente no sea un problema de mi crianza. El descontentamiento y los niños quejumbrosos no suelen ser un problema de nosotros como padres, sino del carácter de nuestros hijos. Un amigo que es pediatra observó hace poco que algunas madres parecen no soportar en absoluto que sus hijos sean infelices. Se apresuran a solucionar cualquier infelicidad. Aunque ciertamente quiero dar a mis hijos oportunidades y verlos florecer, voy a equilibrar eso con la necesidad de entrenarlos para vivir en un mundo caído donde tendrán que aprender el contentamiento interno en Cristo.
7. El contentamiento no es igual a la complacencia, la tibieza o la pereza. No queremos errar hacia el otro extremo. Existe una ambición piadosa y un trabajo arduo que deberían impulsarnos de buena manera. Este descontentamiento piadoso debería llevarnos, parafraseando a Thomas Godwin, a «reclamarle a Dios Sus promesas en oración». Pablo le dijo a su audiencia que si podían obtener su libertad, debían hacerlo (1 Co 7:21).
Ciertamente hay más que se puede decir sobre el entrenamiento para el contentamiento, ya sea que tus hijos tengan tres o trece años. Sin embargo, estos son algunos principios para sentar las bases de nuestra familia.
Las familias con un contentamiento centrado en el evangelio mostrarán la gloria de Cristo a un mundo frenético.
Puedes encontrar el libro de Erik aquí.
Algunas notas adicionales de las charlas de Erik:
- El contentamiento es interior, no exterior. Si el contentamiento fluye de adentro hacia afuera, es intocable. Las circunstancias no le hablan al contentamiento; el contentamiento debe hablarle a las circunstancias. En el corazón del contentamiento está lo que hay en nuestro interior y no lo que está en nuestro exterior.
- El contentamiento es silencioso y no se queja. Lo que hay en el pozo sale en el balde. ¿Qué está saliendo de mi boca? Moisés dijo que los israelitas no se quejaban de él, sino de Dios.
- El contentamiento es una obra de gracia, no un esfuerzo humano. Mi contentamiento debe provenir de la suficiencia de Cristo, no de la autosuficiencia. ¿Soy lo suficientemente débil como para necesitar la gracia?
- El contentamiento descansa en la providencia de Dios. Todo lo que Él nos da proviene de Su mano.
- El contentamiento se basa en el contentamiento trinitario de Dios. Antes de Génesis 1, Dios estaba perfectamente contento en Su comunión de las tres personas. La creación surgió del contentamiento, no de la falta o el descontentamiento. Encontramos nuestro contentamiento en Dios y Él es nuestro modelo.
¿Por qué es tan esquivo el contentamiento? Adán y Eva son nuestro modelo. Ella nunca tuvo un pensamiento de descontentamiento hasta que el diablo atacó. Él atacó la claridad de lo que Dios dijo, la veracidad y el motivo. Envolvió la muerte en un envoltorio brillante.
El contentamiento divino es:
- Un espíritu silencioso que no se queja.
- Un espíritu alegre.
- Un espíritu agradecido.
- No estar atado a las circunstancias.
- No evitar los problemas que surgen.


