
Últimamente me inquieta una tendencia que veo en la iglesia, en la cultura y en las generaciones más jóvenes.
No lograba ponerle nombre hasta que supe de unos buenos amigos a quienes sus hijas, que se profesan cristianas, «cancelaron»: cortaron toda comunicación con ellos, sin explicación y sin vuelta atrás. Sharon y yo criamos a nuestros hijos junto a ese matrimonio y, aunque no eran perfectos, hasta donde podemos ver no hubo abuso de por medio. Otra familia cercana pasó por algo parecido y nos contó su historia con el corazón roto. Las dos familias quedaron separadas de sus nietos.
A esto se suma el ánimo generalizado de muchos jóvenes: cinismo y una crítica cargada de superioridad moral. Se nota una profunda falta de gratitud.
Ningún lugar del mundo es perfecto y todos siguen en camino hacia sus propios ideales. Sin embargo, quien mire alrededor y reconozca lo quebrantado que está el mundo verá que también hay mucho que funciona bien y que damos por sentado. Aun así, el enojo y la ingratitud parecen llevar la delantera.
Lo que falta es la honra
¿Qué falta en los dos casos? Yo diría que falta honra. Honra bíblica.
El concepto de la honra pasa por malos tiempos. A veces lo que vemos es deshonra o falta de respeto. Otras veces vemos algo que llamaré la no-honra, palabra que invente para los casos en que la idea de honrar al otro ni siquiera se cruza por la mente.
Sin embargo, al mirar las Escrituras vemos que la honra es esencial para cualquier cultura. Los que seguimos a Jesús tenemos el deber de honrar a Dios y a los demás.
Fundamentos
Empecemos por una definición. Honrar es estimar a alguien, reconocer su valor, ponerle precio, reverenciarlo o respetarlo. La honra es una actitud del corazón que también se expresa en acciones (Mt 15:8).
El cristiano honra primero a Dios. Al fin de cuentas, ¿quién merece más estima que nadie? Dios, nuestro Creador, Sustentador y Redentor. La negativa a honrarlo como Dios y a darle gracias es la primera acusación que Pablo levanta contra toda la humanidad (Ro 1:21).
Podríamos decir mucho más sobre la honra dentro de la Trinidad y sobre nuestro llamado a honrar a Dios. Pasemos ahora al llamado a honrar a otras personas.
7 personas que Dios nos manda honrar
La Palabra de Dios nos manda honrar al menos a siete tipos de personas.
1. Honra a tus padres
Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da (Ex 20:12; ver también Ef 6:2-3).
El mandamiento principal sobre honrar a otros está en los Diez Mandamientos. Los eruditos lo llaman un mandamiento puente, porque une los primeros cuatro, dirigidos a Dios, con los últimos cinco, dirigidos al prójimo.
Para los hijos, la manera de honrar cambia con los años. La obediencia se exige mientras somos pequeños, no cuando ya somos adultos. También cambia a medida que nuestros padres cambian. Con el tiempo puede incluir alguna forma de sostén económico (1 Ti 5:8).
La honra toma formas distintas según el llamado que Dios ponga en nuestra vida. A mí me llamó a pastorear en Nueva Inglaterra durante muchos años, y honrar a mis padres, que seguían viviendo en el sur del país, exigió trabajo y sacrificio. Muchas familias conocen bien esa distancia cuando el trabajo o el llamado las lleva a otra ciudad o a otro país.
La honra también cambia según el comportamiento de los padres. Por más que me disguste esa palabra tan gastada, «límites», el concepto que hay detrás es verdadero. Cuando hay impiedad de parte de los padres, la honra exige un trabajo más cuidadoso.
Dicho sea de paso, honrar a los padres incluye honrar a los suegros.
¿Cómo puedes honrar a tus padres?
2. Honra a los que son mayores
Delante de las canas te pondrás en pie; honrarás al anciano, y a tu Dios temerás. Yo soy el SEÑOR (Lv 19:32).
En algunos lugares ya suena anticuado, aunque en muchos países todavía se conserva. Cuando yo estaba en la escuela nos poníamos de pie al entrar el maestro al salón. Si otro adulto entraba a mitad de clase, nos volvíamos a poner de pie.
Nuestra cultura vive fascinada con la juventud y da por sentado que los mayores están pasados de moda. Tal vez venga de la idea de que las personas llegan al mundo inocentes y los adultos las echan a perder. Esa idea no viene de la Biblia sino de Rousseau.
Una cultura obsesionada con lo joven necesita recuperar la honra hacia los mayores. Más de una persona mayor me ha dicho: «Va a llegar el día en que a ti también te pasen por alto». De nuevo, esa es la no-honra de la que hablo.
¿Cómo mostramos respeto por quienes han vivido muchos años y, en principio, han sido fieles al Señor, a su cónyuge, a su iglesia y a su país? No pases por alto las canas. Hónralas.
¿Cómo puedes honrar a los que son mayores que tú?
3. Honra a tu cónyuge
Ustedes, maridos, igualmente, […] dándole honor por ser heredera como ustedes de la gracia de la vida (1 P 3:7).
En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido (Ef 5:33).
Dios nos dice que el matrimonio mismo debe ser honrado (Heb 13:4). Vemos alrededor cómo se ha deteriorado el respeto por ese compromiso. Para el cristiano, honrar el matrimonio incluye honrarse el uno al otro.
El amor por el otro respeta y estima. No desprecia. ¿Cuántos de nuestros conflictos matrimoniales se suavizarían si cada uno buscara honrar y estimar al otro? La Escritura nos manda tener al otro en alta estima. Eso significa cuidarlo. No hacer bromas a costa suya. Ofrecerle protección, que no es lo mismo que guardar secretos.
¿Cómo puedes honrar hoy a tu esposo o a tu esposa?
4. Honra a las autoridades de gobierno
Honren a todos, amen a los hermanos, teman a Dios, honren al rey (1 P 2:17).
Paguen a todos lo que deban: […] al que temor, temor; al que honor, honor (Ro 13:7).
Llama la atención que tanto Pablo como Pedro animaran a honrar a los funcionarios del gobierno romano incluso en tiempos de persecución. La autoridad puede usarse mal y hasta convertirse en abuso. Los ejemplos abundan, en el hogar y en el mundo. He escrito más sobre eso aquí.
Aun cuando nos levantamos contra los abusos, la postura cristiana es honrar a quienes tienen autoridad. Eso incluye a los funcionarios públicos, a la policía, a los maestros y a los entrenadores. La lista podría seguir con todas las autoridades que nosotros y nuestros hijos encontramos a diario. Ellos necesitan vernos hablar y actuar con honra, y necesitan que los entrenemos en ese hábito.
¿Cómo puedes mostrar respeto y honra a las autoridades que tienes sobre ti?
5. Honra a tus superiores en el trabajo
Todos los que están bajo yugo como esclavos, consideren a sus propios amos como dignos de todo honor, para que el nombre de Dios y nuestra doctrina no sean blasfemados (1 Ti 6:1).
La política en el trabajo nos divide, pero hay algo que une a demasiados, y es la queja contra el jefe. El cristiano, en cambio, honra con sabiduría y prudencia a jefes que también son pecadores. Cuando dejamos de criticar sus decisiones y mostramos el respeto debido, resaltamos en un mundo lleno de murmuración.
¿Cómo puedes honrar como corresponde a tu jefe en el trabajo?
6. Honra a los que te pastorean
Los ancianos que gobiernan bien sean considerados dignos de doble honor (1 Ti 5:17).
Hay autoridad en el hogar, en el gobierno y en el trabajo. El cristiano muestra honra en todas esas esferas. También hay autoridad en la iglesia. Es cierto que ha habido abusos de autoridad, y quienes dirigen la iglesia son imperfectos. Aun así, Dios nos llama a honrar a los que velan por nuestra alma. ¿Das por sentado su servicio? ¿Los estimas por su trabajo (1 Ts 5:12)?
¿Cómo puedes honrar a tus pastores y a quienes te cuidan espiritualmente?
7. Honra a los hermanos de tu iglesia
Sean afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, dándose preferencia unos a otros (Ro 12:10).
Llegamos al versículo que lo abarca todo y nos muestra que la honra es un modo de vida para el cristiano. Se nos llama a adelantarnos unos a otros en dar honra, casi como en una competencia. El mandato aparece en medio de un párrafo donde Pablo muestra las muchas facetas del amor cristiano. Una de ellas es dar honra a los que nos rodean.
Aprendí una aplicación práctica escuchando a un predicador invitado que solía comenzar su sermón elogiando por nombre a quien lo recibía. Traté de hacer de eso un hábito. Puede significar agradecer a los que nos sirven. Honrar es buscar lo mejor en el otro. La honra no deja lugar al favoritismo por raza ni por dinero. Honrar es ver al que tengo al lado como un hermano o una hermana por quien Cristo murió.
A medida que honramos a otros dentro y fuera del cuerpo de Cristo, vamos formando una cultura de iglesia distinta a la del mundo.
¿Cómo puedes honrar a los que te rodean?
Conclusión
Estos versículos dejan claro que el cristiano es alguien que estima a los demás de manera activa. Todo empieza con una estima correcta hacia el Señor. Cuando la honra habita el corazón, se abre camino hacia nuestras acciones.
El quinto mandamiento establece el patrón, y por eso honramos como corresponde a nuestros padres y a toda autoridad. Como de costumbre, Dios no nos da los detalles. Nos da el principio y espera que usemos sabiduría guiada por el Espíritu para aplicarlo a nuestra situación.
Como padres, además, estamos entrenando a nuestros hijos para honrar a otros. Los animamos a honrarnos a nosotros, a honrar a sus abuelos y a honrar a las autoridades que tienen en su vida.
A medida que madure como alguien que da honra, seré distinto del mundo y le daré gloria a Cristo.


