
Cuando comencé este ministerio, hace más de once años, la pregunta que rondaba la mente de los padres era: «¿De verdad soy yo el responsable de discipular a mis hijos? Para eso los traigo a esta iglesia. Es responsabilidad de ellos».
Por la gracia de Dios y por Su Espíritu, esa pregunta ha cambiado. Hoy la mayoría de los padres pregunta algo más o menos así: «Sé que soy responsable de transmitirles la fe. Pero ¿cómo lo hago?».
Respondo a esta pregunta en Padres que hacen discípulos y en las conferencias que imparto. Pero en los próximos boletines quiero dedicar estos correos a explicar el cómo del discipulado familiar.
En particular, me centro en siete compromisos que los padres deberían asumir. En este artículo veremos el segundo. Espero que, al leer estos desafíos, seas animado y desafiado a la vez. Animado al pensar: «Esto sí se puede», pero también desafiado a dar nuevos pasos.
El segundo compromiso al que animo a los padres que hacen discípulos es este:
Comprométete con el deber y el deleite de una iglesia local sana.
«Un momento», dirás. «¿De verdad hace falta decir eso? ¿No se da por sentado?».
En realidad, no. Hoy se les dice a los padres de hijos pequeños y mayores por igual que la buena vida incluye tantas cosas que la iglesia local a veces termina siendo una opción más entre muchas.
Cuando miramos a la Escritura, descubrimos que, si criamos con la eternidad en vista, si nos guiamos por la estrella polar del evangelio y si queremos darles a nuestros hijos lo mejor, eso incluirá un compromiso con una iglesia local sana.
La vida de Timoteo
Timoteo es ejemplo de alguien que creció en un hogar con testimonio del evangelio. Aunque su padre no era creyente (Hch 16:3), la fe de su madre y de su abuela influyó en él (2 Ti 1:5). Pero hubo otros. En particular, Pablo ejerció una enorme influencia sobre este joven.
Pablo puede escribir: «Pero tú has seguido mi enseñanza, mi conducta, propósito, fe, paciencia, amor, perseverancia, mis persecuciones, sufrimientos […]» (2 Ti 3:10-11). Pablo había llegado a ser como un padre para Timoteo.
Tus hijos, como Timoteo, necesitan otros ejemplos en su vida. ¿Dónde encontramos esos ejemplos piadosos? En la iglesia local.
Primero Jesús, no la familia
Por mucho que quiera enfatizar el discipulado familiar, no quiero menospreciar a la iglesia local. El plan de Dios es que la iglesia nos complemente, no que nos reemplace.
Si tu hijo sigue asistiendo a una iglesia sana hasta bien entrados los veinte años, muchos de sus problemas y preguntas se resolverán por sí solos. Los estudios sociológicos señalan los beneficios de reunirse con un grupo de personas para adorar.
También podemos señalar los problemas evidentes que surgen de no sentarse bajo la Palabra. Dios nos dice: «Cesa, hijo mío, de escuchar la instrucción, y te desviarás de las palabras de sabiduría» (Pr 19:27). Por el lado positivo, Dios dice: «Exhórtense los unos a los otros cada día […] no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado» (He 3:13). Todos necesitamos instrucción y exhortación constantes, o nos desviaremos. Eso está garantizado.
Además, necesitamos enseñar a nuestros hijos lo que la Biblia dice sobre la iglesia. Ella es la esposa de Cristo, el cuerpo de Cristo, la casa de Dios y el templo de Dios. Ella es todas esas cosas importantes. También es imperfecta. Pero si es valiosa para Dios, será valiosa para nosotros. Como dijo Charles Spurgeon: «La iglesia no es perfecta, pero ay del hombre que halla placer en señalar sus imperfecciones. Cristo amó a Su iglesia; hagamos nosotros lo mismo».
Deber y deleite
Fíjate en las palabras que usé en este segundo compromiso.
Comprométete. El compromiso con la iglesia es justamente eso: un compromiso del corazón. Aunque no te vuelves cristiano por asistir a una iglesia sana, sí sigues siendo cristiano al asistir a la iglesia. Tiene que ser una prioridad.
El deber y el deleite. A veces nuestro compromiso con la iglesia es un deleite fácil. Nuestros amigos están allí. Las cosas marchan bien. Nos encanta aprender la Palabra. Otras veces es un deber delante de Dios. Puede haber personas difíciles en la iglesia. Puede haber conversaciones difíciles que tenemos que enfrentar. Pero saber que hay un aspecto de deber gozoso nos ayuda a nosotros y a nuestros hijos a no ponerlos a ellos en el centro de todo. Aunque no queremos exasperar a nuestros hijos, tenemos que recordarles que la iglesia, a fin de cuentas, no gira en torno a ellos.
Una vida diferente
Si estás comprometido con una iglesia local sana, eso te hará contracultural. Pero a largo plazo será de gran beneficio para tus hijos. Como alguien escribió: «Hay un 0,0296% de probabilidad de que tu hijo llegue a ser atleta profesional. Hay un 100% de probabilidad de que tu hijo comparezca ante Jesús». Llévalos a la iglesia. El cuerpo de Cristo es esencial para la formación espiritual de tu hijo.
Aplicaciones prácticas
¿Cómo aplicamos esto en la práctica? Permíteme dos sugerencias.
1. Comprométete con la iglesia. Esa fue la piedra grande en nuestro horario. Todo lo demás se acomodó a su alrededor. Debería serlo también en el tuyo. Una pregunta que tu hijo no debería hacer es: «¿Mañana vamos a la iglesia?».
2. Explica tu compromiso con la iglesia local. Enseña a tus hijos que, con a pesar de sus problemas, ella es la esposa de Cristo. Dios no olvidará el amor que le hemos mostrado (He 6:10).


